La postura Oficial en el G-20-Entrevista Alfrefo Chiadardia

El secretario de Comercio y Relaciones Económicas Internacionales, Alfredo Chiaradia, pide dos cosas: encomillar la palabra “proteccionismo” cada vez que se use, y “no tener una visión miope” del tema.

-¿Qué espera de la cumbre del G-20?

-En materia comercial, confiamos en que haya cordura para que todos trabajemos para evitar acciones proteccionistas. Nosotros también estamos en contra del proteccionismo, pero lo que no hay que hacer es usar la misma vara para todos y sólo apuntar con el dedo a medidas muy menores que pueden tomar países periféricos al sistema, como la Argentina u otros más pequeños, y hacer la vista gorda ante cientos de miles de millones de dólares entregados al sector financiero, automotor y compre nacional de algunos países. Esas sí son acciones claramente proteccionistas que se suman al proteccionismo endémico del sistema comercial internacional: asimetría entre el comercio de productos industriales y agrícolas.

El embajador Chiaradia, uno de los integrantes de la delegación oficial que pasado mañana estará en Londres, puso especial énfasis: “Particularmente, rechazamos el proteccionismo de los países poderosos porque es ése el que marca el ritmo. Si ellos toman medidas así, es obvio que países periféricos harán lo mismo. Queremos equidad. Nos comportaremos con la mayor razonabilidad -como lo hemos estado haciendo-, procurando sostener en el país la actividad económica, los puestos de trabajo, porque esto hace que la Argentina se convierta en un país sólido y que, de ese modo, les de solidez a los vecinos y también a la comunidad internacional”.

-¿Cuáles son las prioridades para la Argentina?

-Nos preocupa mucho el funcionamiento de los organismos financieros internacionales, cuáles son los condicionamientos para otorgar préstamos, las estructuras de gobernancia en las que hay países que incluso tienen derecho de veto. Además de lo referido a los fondos especulativos; los paraísos fiscales, que fueron el refugio desde el que salen y entran recursos que se esconden de los países ricos, pero fundamentalmente de los países en desarrollo, y ayudan en la huida de capital; las calificadoras de riesgo que operaban de manera perversa y, por ejemplo, dictaminaban que compañías como AIG fueran AAA hasta una semana antes de que quebraran totalmente; en cambio, a países como la Argentina les asignaban categorías muy bajas y restringían su financiamiento.

-¿Es utópico pensar que la crisis beneficiará a los países emergentes gracias a esas reformas?

-No tenga dudas de que hay mucha gente poderosa que durante el statu quo anterior se benefició y querrá que las medidas que se adopten impliquen, a la mejor manera del príncipe de El Gatopardo, que las cosas cambien para que todo siga igual. Hay que luchar contra eso, para que esta crisis sea una oportunidad y tengan lugar cambios en las normas de funcionamiento financiero, comercial y económico que impliquen mayor equidad y transparencia, reglas de juego que sean beneficiosas para todos los participantes de la comunidad internacional y al interior de los países. En los últimos tiempos, ha habido, incluso en los países ricos, un proceso de desigualdad cada vez mayor en cuanto a la distribución del ingreso. Datos de Estados Unidos indican que en los últimos 20 años, la relación entre los ingresos de los altos empresarios y los niveles más bajos pasó de 1 a 25 veces, 1 a 250.

-¿Es el G-20 el ámbito indicado para analizar esas reformas?

-No es más que la sumatoria de sus miembros y de las propias contradicciones que pueda haber al interior. Es una agrupación que es un continuum entre los más y los menos poderosos. En ese contexto, es indudable que habrá acciones que quieran ser tomadas, como que haya una mayor democratización en los organismos financieros internacionales, y que haya países que no quieran que ocurra. Hoy hay pequeños países europeos -que no voy a mencionar- que tienen un poder de votación más grande que China, que es la tercera economía del mundo y probablemente sea la segunda en no mucho tiempo. Esas cosas revelan que hay mucho por cambiar.

-¿Se acordó con Brasil una posición unificada para el G-20?

-El G-20, por América latina, tiene como participantes a la Argentina, Brasil y México. Por lo tanto, si hubiera una coordinación tendría que ser entre los tres. Hay contactos muy frecuentes con las autoridades brasileñas y las posiciones son muy coincidentes, pero no unificada.

-El proteccionismo está muy presente en la agenda bilateral últimamente.

-Durante mucho tiempo, transmitimos a nuestros socios la necesidad de que toda acción en materia de comercio internacional en el contexto de negociaciones globales tuviera un posicionamiento que nos uniera. Por distintas razones, tuvimos algunas diferencias, pero lo que pasó en el escenario internacional cada vez confirma más nuestra posición por el hecho de que siempre fuimos muy cautelosos en lo que concierne al exceso de inclinación hacia el mercado mundial. En los últimos años hubo un enorme crecimiento y dinamismo de la economía mundial, pero fue producto de una burbuja de crédito que generó euforia en los mercados. Esa burbuja fue producto del comportamiento irresponsable y delictivo de muchos empresarios del sector financiero de algunos países centrales, y en ese sentido, el paquete negociador que estaba sobre la mesa en julio pasado [por Doha] y que decíamos que no era razonable ni equitativo, hoy lo es aún menos.

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