La imagen de la importación

“No logramos que la dirigencia política, empresarial y la gente común entienda el rol que tienen las importaciones en el país”, reconoció Diego Pérez Santisteban, presidente de la Cámara de Importadores de la República Argentina, de la que fue titular 14 de los últimos 15 años.

Dice que hay una herencia cultural como de “vivir con lo nuestro” o de “desarrollo industrial a partir de la sustitución de importaciones”, en que “importado” es sinónimo de “destrucción de empleo local”.

De esta manera, la memoria selectiva opta por priorizar daño por sobre beneficio respecto del impacto en la economía.

Y en esta elección, por inconsciente que sea, quedan solapados datos como que el 70% de lo que se importó en los últimos 15 años fue a la producción o a la industria como bienes de capital; el 75% de la maquinaria industrial es importada; con insumos importados, como el mineral de hierro, el cacao, la goma laca o las drogas básicas la Argentina se convirtió en un jugador importante en las industrias siderúrgica, de golosinas, de caucho y farmacéutica, respectivamente. “En el imaginario, lo importado se asocia al consumo de todos los días, a la electrónica, a la ropa”, dice.

Con la vista parcial imperante, gobiernos como el actual pueden “atacar” la importación con licencias con el argumento de que se protege el mercado interno. Lo cierto es que las importaciones con restricciones (según la CIRA, el 12% del total, y para el Gobierno, el 8%), cayeron un 30% con la crisis. Las no afectadas se desplomaron un 50%. “¿De qué me preocupo como autoridad económica? Seguro que no del 88% restante, que significa menos maquinaria, menos insumos para la producción, menos inversión y, al final, menos empleo”, aseguró.

Sólo una mente afiebrada puede pensar que los excedentes de producción, productos fuera de temporada, de China, Europa o Estados Unidos, vendrán, subfacturados, en barcos a invadir la Argentina, un mercado de 40 millones de habitantes”, ilustra el directivo.

-¿Puede considerarse la apertura de los 90 un logro?

-En parte. Pero se fraguó con la ambición política. Hace 15 años, en 1994, cuando se agotaba el modelo del 1 a 1, la ambición de la reelección tiró por la borda los conceptos de desregulación, apertura y flexibilización que se habían logrado.

-¿Cómo se trabaja de acá a 15 años?

-Construyendo un modelo de país, analizando claramente qué se quiere proteger, si las industrias que nunca podrán competir, como los plasmas que se arman en Tierra del Fuego o las que tienen ventajas para agregar valor y exportar, como el maíz y la soja convertidos en carne de pollo y cerdo. Toda protección significa que el consumidor paga más caro un producto porque subsidia a la industria protegida. Pasa en Europa, donde el pan, la carne o el yogur son carísimos por los subsidios agrícolas.

Emiliano Galli
LA NACION

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