Brasil se consolida como líder regional

En una superficie equivalente a casi la mitad de Sudamérica, Brasil cuenta con más de 190 millones de habitantes y es el quinto país en el ranking de los más poblados. Es además la novena economía en tamaño medida en dólares ajustados por paridad de poder de compra. Comparte el liderazgo global en recursos naturales, producción de granos, acero, manufacturas diversas e incluso servicios financieros. Sin embargo, Brasil también posee algunas debilidades que claramente no lo enorgullecen. Es una de las economías con peor distribución de la riqueza, la tierra está concentrada en muy pocas manos, los niveles de violencia urbana y criminalidad son sumamente elevados y es el país que menos crece entre los BRICS en los últimos 20 años.

Lo golpeó como a todos la última crisis, pero el impacto ha sido relativamente moderado. Brasil sufrió una fuerte contracción en el último trimestre del año pasado y el primero de éste. Redujo su tasa de crecimiento a -0,7% en el proyectado para 2009 respecto de la expansión del 5% que había experimentado como promedio en los dos años previos. Lo peor de la crisis ya pasó para la economía brasileña. Eso se desprende del comportamiento evidenciado por áreas clave como la construcción, servicios y agroindustria, que ya muestran una sólida reactivación. Se nota muy claro este rebote en la evolución de la Bolsa.

Esta rápida reactivación ha sido posible gracias a la eficiente implementación de medidas de política económica tales como el incremento del crédito desde la banca estatal, reducción selectiva de impuestos, aumento del gasto público, otorgamiento de subsidios, etcétera. También ha sido funcional la vinculación comercial con China.

Las cuentas fiscales están en orden. Brasil, como otros países latinoamericanos, aprendió la lección de las décadas pasadas. Así es que aprovechó la bonanza de los últimos años para avanzar en una política de desendeudamiento y redujo la deuda pública como porcentaje del PBI del 60% aproximadamente en 2002 a un 40% en 2009, incluyendo la cancelación total anticipada de créditos del FMI a fines de 2005.

El éxito de la política de desendeudamiento del sector público ha sido acompañado por una notable acumulación de reservas. De este modo, Brasil fue cambiando su perfil de deudor neto hacia un papel más bien de acreedor.

Es por la necesidad de financiamiento privado que la política monetaria podría ser algo menos restrictiva en los próximos meses. Sin embargo, la tasa de interés de referencia no debería disminuir más allá de un punto y medio hasta fines de año para alcanzar el nivel de inflación adoptado como meta por el Banco Central.

El régimen de metas de inflación constituye otra muestra evidente de los aprendizajes internalizados por el sistema económico. Más allá de la discusión que el sistema aún suscita en la literatura, el Banco Central de Brasil lo ha mantenido vigente con éxito durante toda la década. Cuando se estableció, en 1999, la meta anual de inflación era del 8% con una banda de +/- 2 por ciento. Ese año el nivel general de precios se incrementó en 9 por ciento. En 2001 y 2002 el Banco Central no logró alcanzar los niveles deseados y para los dos años siguientes debió revisar al alza sus proyecciones. Finalmente, el sistema maduró y hoy Brasil luce una tasa de inflación de un dígito con una meta del 4,5% y una banda de +/- 2 por ciento. Este logro es doblemente importante no sólo porque constituye una garantía básica para una economía estable y previsible, sino porque también es un gran aporte a la lucha contra la pobreza, ya que son los sectores de menores recursos los que más sufren la inflación.

A pesar de estos logros, aún le queda mucho por mejorar a Brasil. Las tasas de interés, por ejemplo, son muy elevadas entre otras razones por los altos costos de operación, moras e insolvencias del sistema financiero.

Otros analistas destacan todavía el “costo brasileño”, haciendo referencia a los egresos en exceso que generan instituciones aún frágiles, fuerte corrupción, infraestructura insuficiente y elevada criminalidad. Son desafíos que Brasil deberá superar para ganarse y consolidar su liderazgo en América del Sur. Veamos brevemente dos: la infraestructura y el frente social:

El proceso de crecimiento brasileño exige una pronta adecuación de su matriz energética y de su sistema de transporte que permita responder a los desafíos de la integración regional. La infraestructura vial debe facilitar una eficiente salida al Pacífico para satisfacer las demandas asiáticas. Esto debe complementarse con mejoras en el sistema de puertos sobre el Atlántico atendiendo a los requerimientos de las economías regionales. En materia de energía Brasil ha logrado avances muy significativos en los últimos años gracias a la exploración de su plataforma submarina en busca de petróleo y al desarrollo de biocombustibles. Es importante consolidar estos avances con una visión de mayor integración con la región.

Avances importantes

El combate a la muy regresiva distribución del ingreso en Brasil ha sido adoptado como política de Estado por los gobiernos que se han sucedido desde la década de los noventa. Sin embargo, fue durante la primera presidencia de Luiz Inacio Lula da Silva que se comenzaron a evidenciar avances importantes gracias a incrementos en el salario mínimo, progresos institucionales en el mercado laboral y ampliación de la cobertura de los programas sociales, especialmente el plan Bolsa Familia. Este programa llega a más de doce millones de familias con asignaciones mensuales de 100 reales y exige como única contraprestación la escolaridad de los niños y el cuidado de la salud.

Brasil está de moda sin lugar a dudas por sus recientes logros en acceder a futuros megaeventos deportivos que tendrán seguramente réditos económicos. Después de cuatro gobiernos sólidos y en la buena dirección, a pesar de la agenda importante de cuestiones por resolver, es esperable, por la racionalidad de sus políticas macro y microeconómicas, una tasa de crecimiento elevada para la próxima presidencia con un nivel de dólar claramente atrasado, pero que es coherente hasta el momento con la estructura y dinámica de su inserción exportadora y está relacionado con su éxito. Si Brasil se sigue normalizando, a diferencia del tan sólido Chile, que por su condición de país pequeño es menos influyente, el efecto para la región en términos aspiracionales es muy relevante. En particular para nuestro país, integrado comercialmente en el Mercosur desde hace casi dos décadas, puede ser el proceso de Brasil muy valioso para que consolidemos nuestra propia estrategia de desarrollo.

El autor es director del área económica del IAE-Universidad Austral

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