El Mercosur y la Unión Europea: La ilusión de libre comercio

BRUSELAS, Bélgica.- Las 28 banderas azules con estrellas amarillas flamean a media asta en la sede de la Comisión Europea (brazo ejecutivo de la Unión Europea) por la tragedia aérea en la que murió el presidente de Polonia. En el mismo barrio de la capital belga, en el Parlamento Europeo, el corredor principal, que desemboca en un gimnasio, exhibe las fotos de las víctimas polacas. Frente a la Comisión, cruzando la Rue de la Lois, en la sede del Consejo Europeo (el órgano donde están representados los 27 países de la UE), los ventanales adornados de rojo y gualda develan que España, uno de los países de la eurozona más afectados por la crisis mundial, preside este semestre el bloque y es precisamente en ese país donde se prepara una cumbre presidencial que puede resultar de alto impacto: la de la UE, América latina y el Caribe, el 17 y 18 de mayo en Madrid. Allí tal vez se reviva formalmente una negociación que estaba en coma desde 2004: la de un acuerdo de asociación, que incluye libre comercio entre la UE y el Mercosur. Los europeos quieren asegurarse antes de relanzar nada que termine en éxito la discusión que comenzó en 1999.

La UE es el segundo destino de las exportaciones argentinas. De la Unión proviene más de la mitad de las inversiones extranjeras que llegan a la Argentina. Los 27 socios europeos, con sus 500 millones de habitantes, suman el mayor PBI del mundo, aunque su economía está estancada y ninguno de ellos supera a China. En los productos que la Argentina vende más a la UE, los agrícolas, el bloque europeo es el campeón del proteccionismo: reparte subsidios por 55.000 millones de euros anuales (casi todo el presupuesto anual del gobierno argentino). Pero es cierto que la Argentina restringe las exportaciones de carne, trigo y maíz con el argumento de evitar subas de precios internos, o que las industrias automotriz y autopartista podrían sufrir la competencia europea en la Argentina y en Brasil.

A la UE también le interesa el Mercosur, un bloque bastante cerrado que sólo selló tratados con seis países sudamericanos (uno de ellos, Venezuela, está en proceso de adhesión) y con Israel. Sería su primer acuerdo con un BRIC (Brasil, Rusia, la India y China). También sería el primero con dos potencias exportadoras agrícolas (la Argentina y Brasil).

Claro que los políticos de Francia y otros países europeos se resisten a perder el poderoso voto de sus agricultores. El gobierno de Nicolas Sarkozy comenzó a hacer lobby , según reconocen en la Comisión, en contra del anhelo de España de obtener un logro en su presidencia europea: el relanzamiento de la negociación con el Mercosur. Al presidente de España, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, le viene bien un éxito internacional que mejore su imagen. “El gobierno español se la juega en la cumbre de Madrid”, reconoce el socialista español Luis Yánez, miembro del Parlamento Europeo, y que, al igual que el Consejo, deberá ratificar el eventual tratado que negocie la Comisión.

España convenció a la Argentina, que preside este semestre el Mercosur, de que el acuerdo no la perjudicará. En la anterior cumbre eurolatinoamericana, en Lima, en 2008, la presidenta Cristina Kirchner criticó ante el jefe de la Comisión, el conservador portugués José Manuel Durâo Barroso, la propuesta de acuerdo de la UE: “La pobreza vino por un desapoderamiento concreto de recursos que tuvo la región históricamente desde que fue descubierta”.

En la Cancillería argentina admiten un cambio por motivos políticos. No niegan que la Presidenta necesite mejorar su imagen y la del Bicentenario, que se festejará una semana después de la cumbre de Madrid, pero argumentan que el objetivo del acuerdo sería fortalecer al propio Mercosur, que sufre críticas desde Uruguay o Brasil por las trabas internas al comercio y su cerrazón respecto del mundo. Incluso el favorito para las elecciones presidenciales brasileñas de octubre, José Serra, propuso rebajar el Mercosur de unión aduanera a zona de libre comercio para que Brasil pudiera negociar sus propios acuerdos.

La nueva predisposición del Mercosur de abrirse a la UE quedó patente en una reunión técnica birregional de marzo en Buenos Aires. El 26 y el 27 de abril las partes se reencontrarán en Bruselas para que responda Europa. “La UE está más dispuesta a ceder”, observa el eurodiputado conservador español Pablo Zalba.

Europa también cambió su actitud ante el acuerdo. Antes lo condicionaba a la resolución de la Ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio (OMC), según aclaró el embajador argentino ante la UE, Jorge Remes Lenicov, a los eurodiputados. Doha es el único espacio en el que la UE y las otras potencias aceptan negociar lo que más afecta al campo argentino, los subsidios agrícolas, pero ésa es otra negociación muerta.

En 2004 se interrumpió la negociación con Europa porque el Mercosur proponía bajar del 10% de arancel promedio a cero para el 77% de las importaciones desde la UE y dejar sin apertura el 23% restante (incluida la cadena automotriz), cuya tarifa media era del 16%, mientras que la UE, que quiere reducir su déficit con el Mercosur, sostiene que el libre comercio significa liberar más del 90% del comercio y, por tanto, ofrecía bajar el arancel promedio del 2,6% al cero para el 93% de los bienes, pero en el 7% excluido quedaba una tarifa del 72% para carnes, granos y alimentos elaborados. En marzo, el Mercosur manifestó que liberalizaría cerca del 90%, con lo que el sector automotor (que supone el 15%) se abriría, aunque en 15 años, en lugar de los diez habituales en estos acuerdos. En la Comisión aceptan más de diez años. La Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay tendrían que acordar qué poner en el 10% resguardado. Por ejemplo, textiles, calzado, químicos o maquinaria.

A la UE le interesa que se liberalicen desde servicios financieros y telecomunicaciones hasta dos que no quiere ceder la Argentina: los satelitales y el transporte marítimo. El Gobierno quiere que Europa permita el ingreso temporal de personas que den servicios profesionales, lo que la Comisión accedería, y la apertura de la industria cultural.

La lista de pedidos del Mercosur es más escueta. El bloque quiere que, dentro del 7% de productos que la UE no quiere abrir, otorgue mayores cuotas de ingreso sin arancel para carnes bovinas, porcinas y aviares, lácteos, ajo, arroz, maíz y trigo. En la Comisión admitieron que habrá más “flexibilidad” que en 2004, “salvo en algunos productos muy sensibles: carne vacuna, pollo y azúcar”. La UE ofreció aquella vez una cuota bovina de 60.000 toneladas anuales al Mercosur (hoy la Argentina tiene 28.000), pero los cuatro socios querían 300.000. En la diplomacia argentina, reconocen que la Argentina desaprovecha su cuota, pero alegan que la ampliación del cupo bovino regirá en 15 años, cuando la coyuntura interna haya sido superada.

El Mercosur pide la eliminación de los aranceles de todos los alimentos elaborados, pero la UE pretende algo parcial. La Argentina le teme a la competencia europea en aceite de oliva o durazno en lata.

Si ambas partes anuncian el mes próximo el relanzamiento de la negociación, no se comprometerá una fecha de término. En el Mercosur se ilusionan con la segunda mitad del año, con la presidencia brasileña, porque el presidente Luiz Inácio Lula da Silva podría despedirse del gobierno con la firma que lo confirmaría como líder mundial. Pero en la Unión Europea, las opiniones se dividen entre 2010 y 2011.

Antes de que en 2012 se celebren las elecciones presidenciales francesas. Cuando Venezuela entre al Mercosur, el día en que el Parlamento de Paraguay lo ratifique (los otros tres ya lo hicieron), se sumará a la negociación. En el Consejo Europeo no le temen. Prefieren que el país de Hugo Chávez no se aísle.

Fuente: La Nación

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