Con acuerdo o sin él, la Argentina perdería u$s 2.000 millones

Por: Carlos Burgueño
«Si aceptamos las presiones de China y dejamos de trabar las importaciones que ese país reclama liberar, el comercio bilateral este año dejaría un déficit para la Argentina superior a los u$s 2.000 millones y llegaría a los 2.500 o 3.000 millones en 2011. Si no hiciéramos eso, y China traba las exportaciones de aceite de soja, perderíamos u$s 2.000 millones en ventas». Así se confesaba ayer ante este diario un subsecretario del Gobierno de Cristina de Kirchner, responsable en parte de medir y tomar decisiones sobre el comercio exterior con la nación asiática. El mismo funcionario sentenció, además, que los primeros cuatro meses del año representan el peor momento en la relación bilateral, incluyendo la situación política y comercial, desde que los Kirchner llegaron al poder.

Desde el Gobierno nacional se reconoce una situación clave: las amenazas del viceministro chino (ver nota aparte) son reales y serias. No se trata de un exabrupto, ya que se pueden convertir en medidas concretas. Puntualmente, están en juego más de u$s 3.000 millones en envíos argentinos, el equivalente al volumen de exportaciones locales que ese Estado podría reemplazar comprando a otros países como Brasil, Estados Unidos, Uruguay, Nueva Zelanda, Australia y Canadá.

Según la fuente, el principal problema con China es que sabe la dependencia que tiene hoy la Argentina con ese mercado que es el principal destino de la soja local y sus derivados. El conflicto por las manufacturas chinas se cruza con la amenaza (por ahora tiene ese estatus) de prohibir el ingreso de aceite de soja con el argumento de la existencia de más hexano por tonelada que el permitido. Se recordaba ayer dentro del gabinete nacional la aclaración que le hizo el embajador Gang Zeng el 5 de este mes al ministro de Relaciones Exteriores, Jorge Taiana, en su despacho. Ese día, el diplomático advirtió dos cuestiones: que las trabas al aceite de soja eran por la existencia del hexano en los envíos de cuatro multinacionales (Bunge & Born, Cargill, Nidera y Dreyfuss), y que este problema no debía relacionarse ni con la decisión de Cristina de Kirchner de no viajar a China en enero pasado ni con las trabas a las importaciones de ese origen. Igualmente, Zeng dejó una frase concreta: este problema debe arreglarse rápido.

El intríngulis que tiene el Gobierno argentino si decide ceder a las presiones chinas, y reabrir los mercados hoy trabados con medidas antidumping, es que afectaría directamente al corazón industrial de varios sectores recuperados luego de la crisis de 2001. Entre otros, se verían perjudicados los fabricantes de zapatillas deportivas radicados en varias localidades importantes del interior, los de bicicletas y los armadores de motos, textiles de todo tipo, plásticos en general y maquinaria primaria. A éstos hay que agregar un rubro clave: el de los electrodomésticos. En particular, los importadores chinos se quejan de las trabas que existen para poder colocar productos como equipos de aire acondicionado, microondas, celulares, televisores y equipos de audio en las principales cadenas de hipermercados y de artículos para el hogar, donde, durante toda la década del 90 y hasta hace sólo cuatro años, tenían vía libre para ingresar y ser comercializados. Según la visión del Gobierno, gracias a las regulaciones impuestas gradualmente contra las importaciones chinas a partir de 2005, cuando la Secretaría de Industria era dirigida por Miguel Peirano (luego ministro de Economía de Néstor Kirchner), pudieron recuperarse polos como Río Grande, La Rioja o algunas localidades bonaerenses, que hubieran sucumbido ante la apertura con China.

Para esto el Gobierno tuvo que incumplir con lo que se firmó en su momento con las autoridades de Pekín, en la recordada visita de Hu Jintao al país de 2004 (aquella de las versiones sobre una inversión por u$s 20.000 millones). En esa ocasión, la Argentina se comprometió a reconocer a ese destino como economía de mercado, algo que ni la Organización Mundial de Comercio (OMS) recomendaba. Esto, teóricamente, le facilitaría al país la apertura de manufacturas locales hacia China.

Fuente: ambito financiero

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