¿Debe la Argentina olvidarse de su socio?

Por: Marcelo Falak
«El Mercosur es una farsa que sólo sirve para impedir». «Seguir cargando con este Mercosur no tiene sentido». Al negociar junto al bloque, «¡Brasil firmó sólo un acuerdo!», de libre comercio con Israel. Bastó este puñado de frases para que José Serra, el candidato de la oposición socialdemócrata (centroderecha) a la presidencia del país vecino encendiera la mecha. Allí la polémica fue grande; aquí pocos lo registraron: apenas el canciller Jorge Taiana replicó, en clave inevitablemente diplomática, que «no me parece que ésa sea la posición de Brasil ni de la mayoría de sus sectores económicos y políticos».

El problema es que Serra marcha primero en la mayoría de las encuestas de intención de voto y a esta altura nadie puede descartar que se alce con el triunfo que se le negó en 2002 ante Luiz Inácio Lula da Silva. Este, mientras, puja por volver a frustrarlo el 3 de octubre (y el 31, si hay segunda vuelta) con su ex jefa de Gabinete, Dilma Rousseff.

Advertencia

Las críticas en Brasil no se hicieron esperar. Por un lado, le recordaron al candidato «tucano» que buena parte de las exportaciones industriales brasileñas se dirigen a América Latina. Le dijeron también que, en ese contexto, la Argentina es el tercer socio comercial de Brasil. Por último, le advirtieron que una actitud poco amistosa hacia nuestro país y la región podría derivar en un desplazamiento de los productos brasileños por parte de los siempre voraces chinos.

Cuando Serra habla de acuerdos de libre comercio, ésos que el Mercosur dificulta, habla básicamente de los Estados Unidos. (Digresión para hacer notar una paradoja y una posible tendencia: una aspiración similar de Uruguay durante todo el mandato de Tabaré Vázquez fue permanentemente torpedeada por Brasil. Si un eventual Serra presidente hace punta, ¿cuánto tardaría José Mujica en resucitar aquella vieja aspiración, cuyo abanderado no fue otro que el actual vicepresidente oriental, el muy influyente Danilo Astori?).

Ante el mar de fondo que generó, el candidato debió aclarar su postura en la prensa brasileña de ayer. No se trata de matar al Mercosur sino su aspiración de ser una unión aduanera imperfecta (esto es, dotada de un arancel externo común, aunque en la práctica tiene numerosas «perforaciones»). Lo que se busca es retrotraerlo a su etapa de zona de libre comercio (ver nota aparte). En la concepción de Serra (no nueva, por cierto), el Mercosur (la Argentina, básicamente) será uno más de los socios comerciales de Brasil, por detrás, por supuesto, de estadounidenses y europeos. Adiós a la idea de que se negocia mejor desde la unidad regional; el mensaje es claro: Brasil es lo suficientemente fuerte para hacerlo solo y la Argentina le representa un lastre innecesario.

Al hacer su propuesta, Serra omite que el proteccionismo agrícola de Estados Unidos (Brasil sigue penando en ese mercado por las trabas al comercio de etanol de caña de azúcar, para beneficio de los productores de maíz norteamericanos) y, llegado el caso, de la Unión Europea serían una dificultad mayúscula para arribar a sendos TLC. ¿No fue ésa, al cabo, la principal razón por la que se ha demorado tanto un pacto entre el Mercosur y los europeos?

Es obvio que el ex alcalde de San Pablo y ex gobernador del estado homónimo no ignora esa realidad. La explicación es que su programa de gobierno apunta a poner toda la política económica, comercial y externa de Brasil al servicio de la gran industria local. Ese es el norte de Serra, el hombre que mejor representa los intereses y la visión estratégica de ese sector, sobre todo en San Pablo, eje económico del país.

Crédito

Algunos analistas aseguran que las bases de la economía brasileña no cambiarán gane quien gane en octubre. Se trata de una aserción difícil de sostener. Las altas tasas de interés de la era Lula da Silva, prometió, serán cosa del pasado, de modo de fomentar el crédito a la inversión; el gasto público debe reducirse drásticamente, lo que permitirá hacer más lugar al capital privado en el circuito crediticio; el súper real debe terminar, y el dólar encarecerse de una vez, para ser a la vez escudo y catapulta de los productores nacionales.

El dólar barato ha sido una limitación en los últimos años para la expansión de la industria brasileña. Los sectores privilegiados del modelo lulista fueron la banca y los servicios. Aunque no le fue mal, el sector secundario no ha sido el privilegiado. Serra quiere cambiar eso.

Con todo, el real sobrevaluado le permitió al empresariado brasileño mantener un superávit comercial estructural con nuestro país. ¿Qué esperar aquí entonces en un escenario diferente? Más desequilibrio, sin dudas, y presiones crecientes sobre un tipo de cambio con el que el Gobierno argentino pudo, pese a la elevada inflación, hacer la plancha hasta ahora debido a la debilidad del dólar en Brasil.

Esa situación, además, les permitió a los empresarios de ese país quedarse con numerosos emblemas de la industria argentina y regional. Hacerse de dólares les era muy fácil, y más aún adquirir fronteras afuera activos depreciados. Esa etapa de fortalecimiento, maduración e internacionalización le permite ahora a la industria brasileña pasar a jugar en las grandes ligas. Se trata de seguir superando círculos concéntricos, tal es la estrategia brasileña tanto en lo comercial como en la política exterior: del liderazgo en el Cono Sur al de Sudamérica y, luego, la aspiración global, llámese ésta entrar a los mercados más ricos o abogar por una banca permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. En eso están.

Pero si algo llamó la atención no fue el obvio entusiasmo de los grandes industriales paulistas ante estas propuestas sino el estridente silencio de Rousseff. Ella es, supuestamente, la garante de la continuidad de las actuales políticas. Si se permite, cerramos con una suspicacia, al menos en lo que respecta a esta cuestión. Se sabe que cuando las placas subterráneas del planeta se mueven, más temprano que tarde la tierra tiembla.

Fuente: ambito

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