Negociación UE-Mercosur: una prueba de visión estratégica

Autor: Eduardo Amadeo

En alguna columna previa me he referido a la importancia de la complejidad, como el desafío central de los gobiernos, en estos tiempos de conexiones múltiples de todo tipo.

La complejidad implica no sólo tomar en cuenta todas las variables y los procesos; sino también estar preparado para anticipar y limitar las incertidumbres propias del largo plazo.

La negociación que se va a iniciar entre la UE y el Mercosur, (y su eventual resultado) es, precisamente, para la Argentina un desafío mayor por su complejidad, de múltiples e impredecibles impactos y que, me anticipo a la conclusión, sólo puede resolverse con una mirada estratégica que proyecte a la Argentina en los próximos 20 años, en su estructura productiva, sus relaciones internacionales; y aún en los eventuales conflictos que puedan resultar de la adaptación de nuestra economía a los acuerdos que se logren y que abrirán camino a otros acuerdos.

Lo primero que creo importante remarcar, es que la Argentina no estará negociando solo con la UE, sino con sus vecinos -en especial Brasil- e incluyendo implícitamente a Chile; y con sus potenciales socios estratégicos. Por ejemplo, el mayor valor agregado de las exportaciones brasileñas, y la mayor complejidad de su estructura productiva representan un piso que seguramente ni los empresarios brasileños ni su Gobierno están dispuestos a ceder. Ello es un riesgo y un desafío para la buena diplomacia, que deberíamos poder resolver si nos damos cuenta que esta negociación puede relanzar efectivamente a este lánguido Mercosur y fortificar nuestra alianza con Brasil, o terminar con ellos, abriendo paso a acuerdos bilaterales como los que ya han sido insinuados por Uruguay y Brasil. Lo que si está claro es que nadie nos va a seguir esperando, por más que pronunciemos discursos emotivos sobre la hermandad y la integración.

También debemos señalar que, si estamos pensando a 20 años vista, no podemos detenernos por los intereses coyunturales o de sectores puntuales. Esta será una decisión mayor, similar a la que han tenido varios países que firmaron acuerdos parecidos, en las que el Gobierno mostrará realmente si tiene mirada estratégica. Si estamos seguros que apostamos por una expansión sostenida del empleo a mediano plazo, frustrar esta negociación para proteger a quienes tienen una limitada vocación de innovación y riesgo es un grave error. Por ello, sería muy bueno que las organizaciones empresarias resolviesen esta discusión internamente, para aportar de tal manera su propia visión estratégica al conjunto, definiendo también cuales son los incentivos necesarios para sostener las transformaciones inevitables y lograr cuanto antes los objetivos de inversión y empleo.

En síntesis, con esta negociación la Argentina estará decidiendo si se anima a correr los riesgos de la adaptación a nuevos mercados, a sostener su palabra y a potenciarse como actor con perspectiva global. Si logramos mirar hacia delante con inteligencia, no deberíamos tener miedo. Dani Rodrik, en “One economics, many recipes” (Princeton University Press, 2007), dice: “El hecho de que haya habido resultados tan diversos frente a esta era de rápida globalización, demuestra que las opciones nacionales de política son las determinantes últimas del crecimiento económico.

Los países exitosos son aquellos que han potenciado las fuerzas de la globalización en su beneficio. A China e India no les habría ido tan bien, sin el acceso a mercados bastante abiertos para bienes y servicios en los países avanzados. Pero su éxito se debe también a los esfuerzos concertados de sus gobiernos para reestructurar y diversificar sus economías.

Comprender como las fuerzas de la globalización interactúan con las políticas económicas nacionales, es por tanto indispensable cuando interpretamos el pasado y aprendemos lecciones para el futuro”.

Parece evidente que para una sociedad cansada de inestabilidad uno de los temas dominantes de la próxima campaña electoral serán las políticas de Estado.

El eventual acuerdo UE-Mercosur, será una cantera inagotable de potenciales políticas de Estado que sostengan lo que allí se logre. 

En alguna columna previa me he referido a la importancia de la complejidad, como el desafío central de los gobiernos, en estos tiempos de conexiones múltiples de todo tipo.

 

La complejidad implica no sólo tomar en cuenta todas las variables y los procesos; sino también estar preparado para anticipar y limitar las incertidumbres propias del largo plazo.

 

Fuente: el cronista

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