“Cuento chino”: la increíble historia de cómo el Gobierno le dice “no” a los productos asiáticos

En todos los órdenes de la vida -la pareja, los amigos o el trabajo-, generalmente hay dos maneras de decir “no” ante una situación determinada: están quienes prefieren ser directos e ir de frente, sin importar las consecuencias, y aquellos que privilegian la sutileza, para evitar así generar algún resquemor, más allá de que, a la larga, los efectos son similares.

 En esta disyuntiva es en la que se encuentra el Gobierno que, temeroso por la avalancha importadora que está poniendo en riesgo a miles de empresas argentinas que no pueden competir por la suba de costos internos y un tipo de cambio cuasi quieto, comenzó a optar por métodos más “elegantes” para ponerle un freno a los artículos del exterior. 

 En efecto, en un primer momento, la estrategia del Ejecutivo fue la de “ir de frente”, como cuando fue aplicando las controvertidas licencias no automáticas, demorando su aprobación mucho más allá de los plazos permitidos porla Organización Mundialdel Comercio (OMC), algo que ya le generó roces y hasta derivó en graves represalias por parte de Brasil -que frenó cargamentos- y de China -que dejó de comprar aceite de soja argentina en 2010, situación que hasta el día de hoy sigue sin normalizarse-.

 Y si bien estas técnicas siguen formando parte del mix para tratar de evitar que las importaciones continúen capitalizando el boom de ventas que se vive en el mercado interno y dejen fuera de carrera al “Made in Argentina”, el Gobierno, de a poco, está intentando ser más “sutil” aunque con la finalidad de alcanzar el mismo objetivo.

 En efecto, en los últimos días, desde el Ministerio de Industria comenzaron a desplegar el “operativo disuasión”, que consiste en fijarle a los importadores numerosos requerimientos de muy difícil cumplimiento y en plazos que no se ajustarían a la lógica, para desalentar sus compras en el exterior, especialmente de productos provenientes de China, país con el que la Argentina está perdiendo competitividad a pasos agigantados.

 En buen romance, en vez de hacer recaer el “cerrojo” únicamente en el “retaceo” de licencias -con todos los riesgos diplomáticos que esto conlleva-, el Ejecutivo busca estirar los plazos de las operaciones de importación involucrando en esta “novela” a los fabricantes asiáticos, para que provean una “catarata” de información casi imposible de cumplir sobre los productos que están enviando a la Argentina.

 Para distintos empresarios consultados, las exigencias tienen un nivel de detalle tan alto y los plazos que otorga el Gobierno son tan cortos que se trataría de una lisa y llana barrera “disimulada” bajo un elucubrado requerimiento de información. De ahí, que muchos de ellos tilden a estos pedidos de inverosímiles.

 Radiografía del “cuento chino”

En los últimos días, el Ministerio de Industria comenzó a hacer llegar a las oficinas de numerosas empresas importadoras -que en estos momentos están negociando la aprobación de licencias no automáticas-, una serie de cartas documento con ocho tipo de exigencias distintas.

 En este contexto, un reconocido consultor en Comercio Exterior que asesora a compañías importadoras de primer nivel, y que pidió absoluto off the record ante el temor de que en el futuro le traben las gestiones de su portafolio de empresas, confirmó a este medio que “con las cartas documento, que tienen la firma del secretario de Industria, están intimando a las compañías importadoras a que presenten una serie de requisitos imposibles de cumplir, con el agravante de que si no hay una respuesta satisfactoria en un plazo de tiempo que resulta inviable, directamente se cae la operación de compra y tienen que volver a arrancar de cero”.

 El dato clave es que la mayoría de las cartas, que se entregaron vía Correo Argentino la semana pasada, fueron enviadas a empresas que importan productos con sello “Made in China”. Esto no es casual, ya que se trata de uno de los países responsables del enorme incremento del déficit comercial en el sector industrial que está afectando a la Argentina.

 iProfesional.com pudo acceder a varios de los documentos que fueron enviados por la Secretaría de Industria y confirmó los numerosos requisitos que el Gobierno argentino está reclamando a los empresarios para poder ingresar un contendor al país, tal como se puede observar en la siguiente imagen:

 En uno de los puntos de las tantas cartas documento enviadas el 5 de abril pasado, se observa que el Gobierno está exigiendo a las empresas asiáticas que presenten un “diagrama de los procesos de ciclo de producción debidamente intervenido por el Ministerio de Relaciones Exteriores”.

 En buen romance, el consultor explicó que “con este punto, pretenden que desde aquí el importador se contacte con el industrial chino y que éste vaya al consulado argentino para que allí le certifiquen todo el proceso productivo, es decir, qué producen, qué materias primas utilizan, el detalle de todas las maquinarias y equipos que poseen, la cantidad de empleados, el layout de la fábrica, los procesos logísticos y hasta las condiciones laborales de cada uno de sus empleados”, explicó.

 Según el experto, “lo que pretende el Gobierno no es ya ponerle trabas al importador en la Argentina, sino al propio fabricante y exportador que está en China u otro otro país, dado que las gestiones burocráticas que hay que hacer son de muy dificil cumplimiento”, disparó el consultor.

 Frente a esto, el experto aseguró que “es totalmente inviable y casi imposible de poner en práctica. ¿Cómo hago para que el fabricante asiático se comprometa a dirigirse al consulado y que explique paso a paso todos sus métodos de producción con semejante nivel de detalle?”.

 Por su parte, Raúl Ochoa, ex subsecretario de Comercio Internacional, aseguró que muchas empresas, especialmente en Asia, “directamente no tienen formalizada esta información, es decir, no van a entender qué se les está pidiendo y para qué”.

 En otro de los puntos, el Gobierno le exige al fabricante en el exterior que presente las “declaraciones juradas de los componentes de las mercaderías efectuadas por el fabricante de las mismas, debidamente intervenidas por el Ministerio de Relaciones Exteriores”.

 “Esto implica que el comprador argentino también tiene que contactarse con el fabricante en China, para que éste se dirija al consulado argentino en ese país y presente toda la documentación donde demuestre a quién le compra los insumos y la participación de cada uno de ellos en el costo final. Por la estructura diplomática que tenemos en el gigante asiático y el enorme tamaño de ese país, es algo prácticamente inviable”, se quejó el consultor.

 Al respecto, Ochoa aseguró que “este tipo de cosas es prácticamente imposible que las conteste un industrial asiático. Ningún fabricante de ese país se va a tomar la molestia en presentarse para explicar cuáles son los insumos que utiliza y su origen. Además, no se entiende el sentido, porque lo que ingresa como producto chino ya está pagando un arancel para proteger a la industria”.

 Como si esto no fuera suficiente, el empresario chino deberá enviar folletos de las mercaderías que exporta a la Argentina y una descripción de las mismas. Además, tendrá que mandar una “nómina completa” de los productos que fabrica, independientemente de si éstos se venden en el país o no.

 Pero esto no es todo: como “frutilla” del postre, estas cartas documento concluyen indicando que si en 10 días hábiles “improrrogables” la empresa no responde a estas exigencias, el pedido de licencias no automáticas se archiva y la empresa debe solicitar otras licencias nuevas. Es decir arrancar de cero.

 “Cumplir con esto en diez días es una locura, es ilógico. Un trámite así, de poder cumplimentarse, demora como mínimo 2 meses. Claramente con esto buscan que sí o sí caigan las licencias y el importador en la Argentina no tenga más remedio que solicitar otra”, se quejó el experto.

 Cabe recordar que la licencia no automática consiste en un trámite burocrático que el Gobierno le impuso a 600 líneas de productos a la hora de cruzarla Aduana. Elproblema es que la normativa vigente fijada porla Organización Mundialdel Comercio (OMC) estipula que el lapso desde que se solicita hasta que se aprueba no puede sobrepasar los 60 días, mientras que en la Argentina fácilmente excede los 150 días.

 De este modo, en caso de que las autorizaciones ya solicitadas caigan y la empresa importadora tenga que iniciar una nueva gestión, podrían darse casos en los que algunas firmas tengan que esperar hasta casi un año hasta poder importar algún producto.

 En este contexto, Ochoa destacó que “esto que están pidiendo no se puede cumplir en diez días y claramente busca desalentarla importación. Y, el problema que surge es que deja abierta la puerta a que, si la información no es suficiente, se archive cada una de las licencias que va gestionando el importador todas las veces que se crea necesario. Con lo cual, esto puede demorar meses y meses”.

 El “Made in Argentina”, en la línea de fuego

Para los expertos, la situación que atraviesan las empresas argentinas que deben enfrentar la competencia del exterior no es fácil.

 “La evolución de las importaciones resulta una de las variables clave a monitorear ya que su avance implica que una porción creciente de la demanda no se traslada a producción nacional, condicionando la recuperación del empleo y la inversión”, alertaron desdela Unión Industrial Argentinaen su último informe, publicado esta semana.

 Según la entidad, el persistente avance de las importaciones “se origina fundamentalmente en el incremento de los costos industriales, que continúa reduciendo la competitividad, frente a nuestros principales socios comerciales”, principalmente China.

 De hecho, en el primer bimestre del 2010, el saldo comercial con el gigante asiático arrojó un déficit de apenas u$s60 millones. Sin embargo, por la suba de costos y la mayor demanda para alimentar el boom de consumo, el rojo más que se quintuplicó y alcanzó los u$s320 millones en el mismo período de 2011.

 Al respecto, según estimaciones de consultoras privadas, con que este año las subas salariales sean cercanas al 30% y la devaluación sea menor al 10% -como se prevé-, las empresas estarán pagando sueldos un 40% más caros -en dólares- que a fines de 2001.

 Desde el Banco Ciudad alertaron que en la primera línea de fuego se encuentran los textiles, calzado, juguetes, artículos de electrónica, máquinas y equipos y algunos proveedores de insumos industriales, como autopartes.

 “Estas ramas de actividad enfrentan la competencia de productos importados, al tiempo que sufren una escalada en sus costos internos, y son justamente los principales destinatarios de las últimas medidas de protección”, destacaron desde la entidad.

 Sin embargo, un empresario importador del sector textil que pidió absoluto off the record, aseguró que esta medida puede traer más disgustos que beneficios: “Estas exigencias tranquilamente pueden derivar en reclamos ante la OMC o incluso en represalias. El Gobierno está tensandola cuerda. Yel problema es que no hay un solo Guillermo Moreno. Ahora se ven muchos Morenos en distintos cargos y esto nos hace pensar que importar va a ser cada vez más difícil en este país”.

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