Avanzamos hacia el comercio administrado

Alieto Aldo Guadagni Economista. Miembro del Instituto Di Tella

El tipo de cambio es la llave del nivel y la composición del comercio internacional de un país moderno, claro que también juegan un papel las regulaciones pero el mismo es normalmente secundario y complementario del rol central del precio de las divisas.
El caso es que ahora mes a mes avanzan entre nosotros la importancia de las normas burocráticas, las mayorías discrecionales y carentes de razonabilidad. Este proceso de deterioro tiene que ver con la pérdida de competitividad de muchos de nuestros sectores productivos, particularmente en la industria manufacturera y en las economías regionales, también afectadas por derechos de exportación que son una traba al aumento de la inversión y la producción.
Un observador superficial se podría asombrar de este fenómeno de la pérdida de nuestra competitividad productiva frente al mundo, si es que se guía simplemente por la evolución reciente de las divisas mundiales frente al dólar. Es así como en los últimos 30 meses el real se revaluó nominalmente un 31% frente al dólar, y sigue la larga lista: el yen japonés 14, el yuan chino 5, el euro 12, la libra 9, el franco suizo 30, la corona sueca 24, el peso chileno 31, el mexicano 13 y el colombiano 23, mientras que por el contrario, nuestro peso se devaluó nada menos que un 17%.
Estas diferencias notables impulsan en principio a creer que nuestro sector productivo enfrenta hoy condiciones inmejorables en la arena internacional, ya que somos, conjuntamente con Venezuela los únicos países de la región que hemos depreciado nuestro tipo de cambio nominal con respecto al dólar, divisa que a su vez como vemos se ha desvalorizado fuertemente en todos los importantes mercados financieros del planeta. Pero nada de esto está ocurriendo y por esta razón se observa un sistemático crecimiento del comercio administrado, particularmente en las importaciones y en menor medida en las exportaciones, que tiende a ensanchar las áreas de disputas diplomáticas con otras naciones, que es lo que ha venido ocurriendo en los últimos meses en nuestros tres principales mercados: Brasil, Unión Europea y China, que en conjunto son el destino de la mitad de nuestras exportaciones pero representan nada menos que dos tercios de nuestras importaciones totales.
Esto no ocurre de casualidad, estamos ya en presencia del inicio del deterioro estructural del superávit comercial externo, y esto ocurre por dos razones: en primer lugar se evaporaron ya 20 años de saldos comerciales positivos en el área energética, que hasta hace pocos años llegaron a representar nada menos que la mitad del superávit comercial; estamos cubriendo ahora con crecientes importaciones la fuerte caída en la producción de hidrocarburos (primera vez que en los últimos 80 años cae mes a mes la producción de gas y petróleo). Este grave retroceso productivo esta motivado por la caída de las reservas, consecuencia directa de la significativa reducción en el esfuerzo exploratorio (ahora se explora la cuarta parte que en los noventa, a pesar que el petróleo vale cinco veces más).
Este es el resultado de una política energética que, al no estimular la exploración apunta sin pausa desde hace varios años a sustituir con importaciones la caída en la producción, en un novedoso y perjudicial intento de “promoción de importaciones”.
El otro factor negativo para el superávit comercial es la pérdida de competitividad internacional de nuestra producción, debido al alza de los costos internos expresados en dólares. Recordemos que los sindicatos no le creen al Indec y por eso sensatamente negocian salarios sobre la base de la inflación real; en este escenario esta alza sostenida de estos costos en dólares es otro factor que incidirá en el sentido de implantar más medidas burocráticas para trabar las importaciones.
Es evidente que mes a mes la industria manufacturera argentina observa como le es más difícil exportar y al mismo tiempo crece la amenaza de crecientes importaciones, incluso de países que incluso han revaluado sus monedas pero que no tienen nuestra inflación. Como los costos de producción en dólares suben sin cesar (inflación de costos internos que trepan más rápido que la devaluación del peso) se está así agravando la pérdida de competitividad de la industria local. Esto explica, y para muchos sectores productivos también justifica, la implementación de medidas administrativas que traben las importaciones. Como el ministro Boudou no está en condiciones de definir una política cambiaria que refleje otra política fiscal y monetaria más sensata, se aferra con mucha ingenuidad a seguir utilizando el Instituto Nacional de Estadísticas como organismo oficial que difunde mes a mes estadísticas groseramente falsas sobre la inflación.
El ministro podrá insistir en ignorar la gravedad de la inflación, pero pronto tendrá que aceptar que “La única verdad es la realidad”, esperemos que no siga perdiendo el tiempo como hasta ahora.

Fuente: el cronista

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