¿Volverá la energía a sorprender en 2013?

Fernando Navajas, Economista Jefe de FIEL

 Los últimos datos relevantes de la coyuntura energética de fines de 2012 confirmaron cierto control de los efectos externos y fiscales que la energía trasmitió a la economía en 2011. ¿Será esa la norma de 2013 o volveremos a un sendero de deterioro?
En este sentido, 2012 fue un buen año para el gobierno, dado lo que se esperaba al comienzo. Contra todos los pronósticos en el plano externo se observó un virtual estancamiento del déficit comercial (y de las importaciones) en el entorno de los u$s 3.000 millones.
En el plano fiscal se redujo el déficit de CAMMESA aunque sobrevinieron otros desequilibrios nuevos en el área de distribución de electricidad. Pero ambos fenómenos ocurrieron en medio de una también muy firme tendencia de caída de la producción de gas natural (contra la expectativa fabricada luego de la expropiación de YPF), un virtual estancamiento de la producción de petróleo y un concomitante significativo aumento de las importaciones de gas natural.
Todo lo anterior requiere alguna explicación que nos ayude a entender porqué las cosas salieron de un modo distinto al esperado y nos enseñen a ser algo más flexibles para mirar el 2013.
Gran parte de dicha explicación debe encontrarse en el efecto que la combinación de una menor demanda de energía (por el “espacio” generado por la menor actividad industrial) y una mayor utilización de la capacidad de procesamiento de crudo tuvieron sobre ambos desbalances (externo y fiscal). La menor demanda de gasoil (cerca de 5%) y la mayor oferta disponible por la recuperación de la capacidad de procesamiento de crudo (en el entorno del 3%) permitieron reducir las importaciones de combustibles líquidos, que explicaban 60% de las importaciones de energía en 2011.
Por su parte, la menor demanda de gas natural de la industria hizo espacio para el uso de gas natural por parte de los generadores eléctricos (+13% respecto a 2011) lo cual ayudó a bajar el déficit de CAMMESA y además a generar por encima del crecimiento de la demanda de electricidad y de este modo reducir significativamente (en 2000 GWh; es decir casi u$s 800 millones) las importaciones de energía eléctrica. Pero la demanda total de gas subió en 2011 por el efecto de mayor consumo residencial y comercial, mostrando que las reducciones de subsidios encontraron límites nuevamente y el manejo de la demanda de energía está lejos de lo requerido. Las importaciones de gas natural crecieron 33% en 2012; pero las originadas en Bolivia lo hicieron a más del doble mientras que las provenientes de los barcos regasificadores sólo aumentaron en el entorno de 3%. Esta sustitución de “gas por gas” también facilitó el control de las importaciones y del déficit comercial.
¿Cuánto de esta configuración particular de factores que operaron en 2012 es trasladable al 2013? La impresión es que varios de los efectos positivos observados en 2012 pueden acotarse o no repetirse en 2013. Por ejemplo, la sustitución hacia gas boliviano viene limitada por la capacidad de transporte disponible.
Al mismo tiempo el aumento de la capacidad de procesamiento de crudo puede repetirse pero dependerá de esfuerzos ingenieriles y de pequeñas inversiones. Ciertamente la demanda de energía del sector industrial parece que no va a repetir la misma caída, a menos que la economía se hunda en una estanflación, cosa que no está en el consenso de pronósticos macroeconómicos. Por otra parte, la caída de la producción de gas natural continúa siendo la “hipótesis nula” (o de trabajo) a rebatir, dado que los últimos datos confirman el patrón de los últimos años; mientras que la de petróleo es una incógnita que pende de la capacidad de reorganización de áreas críticas en la cuenca de San Jorge.
Finalmente, la agenda de reducción de subsidios parece detenida y -salvo reacciones puntuales como la de la suba de cargos fijos en electricidad y gas natural para paliar los graves desequilibrios financieros en distribución- preocupa la falta de acción en plena víspera de un año electoral.
La Argentina continuará -bajo este gobierno- siendo un “ave raris” en materia de precios y tarifas de la energía no sólo por una cuestión de niveles sino también de estructura de precios. Los ejemplos de 2012, empezando por la (des)formación de precios del upstream, pasando por el collage de precios del mercado eléctrico mayorista (donde la demanda paga 16 precios distintos; el más bajo es pagado por el 31% del consumo y es apenas un 6% de los costos contables del sistema), siguiendo por el extravagante mecanismo de determinación de los precios de los biocombustibles y terminando en las múltiples modificaciones de los cargos fijos en gas y electricidad (algo anormal en el mundo) confirman un cuadro psicótico avanzado en materia tarifaria. En suma, es posible que lo que vimos en 2012 haya sido una pausa y que en 2013 retornemos a enfrentar un mayor deterioro en los frentes externo y fiscal provocados por la energía.

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