El mundo del revés: exportar para poder importar

Desde hace varios años existe en el mundo del comercio exterior con sello local una regla no escrita, pero que se verificó al menos hasta el mes pasado: el que necesita importar tiene que exportar. El Gobierno, a través de la secretaría de Comercio Interior, decidió que aquel que necesite dólares para financiar importaciones deberá generarlos a través de exportaciones. Algunas exportan dentro de su mismo sector; otras salieron a vender cualquier cosa con tal de compensar su balanza comercial. ¿Es posible para las pymes encarar este tipo de operaciones? ¿Qué cambió en el último año?

Las cuatro estrategias
Según el especialista en comercio exterior Martín Clement, las pymes puede hacerlo. Existen cuatro formas fundamentales de equilibrar la balanza comercial de la propia empresa: la primera es la exportación genuina e incremental de algún producto; la segunda es la exportación por cuenta y orden de terceros; la tercera, la compra en el mercado interno y posterior exportación; por último, la celebración de acuerdos que permitan computar exportaciones de operadores habituales como propias del importador.
Los problemas para las pymes empezaron en 2010. “Primero nos pidieron reducir el cupo de importación en forma progresiva y lo hicimos reemplazando el producto importado por baterías de fabricación nacional. Pero, en 2012 se profundizó el modelo”, cuenta Ariel Valbuena, presidente de Acubat, una empresa familiar que se dedica a la venta y colocación de baterías para automóviles. Acubat era, desde 2003, importador exclusivo de la marca líder de su rubro, Varta, con lo cual su negocio se vio directamente perjudicado por la medida. Peligraban sus cuatro locales de venta y su planta de 10 empleados. ¿Cómo lo resolvieron?
Presentaron un compromiso de importación-exportación que fue aprobado por la Secretaría de Comercio. Así, este año se lanzaron al ruedo con exportaciones de plomo a Brasil. “Cuando la gente viene a realizar el cambio de batería, la usada queda acá y tiene plomo. Lo que hicimos fue mandar a manufacturar las baterías viejas para transformarlo en plomo puro”, cuenta Ariel. En el primer cuatrimestre, exportaron por u$s 55.000. Además del plomo, también están planificando exportar vino. De esta manera, se autorizó el ingreso de la mercadería que se importa.
“Hubo muchos casos similares en el sector automotriz”, cuenta Pablo Furnari, director Ejecutivo del programa ‘Primera Exportación’, que ayuda a las pymes a generar este tipo de operaciones. “Las automotrices que tienen terminales en el país, tuvieron problemas con los insumos; y también estuvieron complicadas las que importan los automóviles. Hay un caso bastante emblemático, que fue el de Hugo Pulenta, presidente de Nordenwagen. Para importar vehículos Porsche, compensó con la exportación de vinos de una bodega perteneciente al Grupo Pulenta”, relata.
Algo similar ocurrió con la empresa de motos Motomel. Para revertir las trabas, anunció un plan para exportar, en la primera mitad del año, más de u$s 10 millones en mosto y u$s 5 millones, en vinos a granel y varietales. En los papeles, la firma exportará más de u$s 30 millones hasta abril de 2014.
Pero no todos los casos son exitosos. Los otros mecanismos descriptos en esta nota tienen que ver más con un intercambio de favores, que con nuevas operaciones. Las empresas que lo realizan pidieron reserva de sus nombres y rubros.
Uno de ellos es la compra en el mercado interno y posterior exportación; es decir, el exportador le vende al importador para que éste lo venda afuera. Por ejemplo, una fábrica de autos compra materias primas a una aceitera que suele colocar su producción en Brasil. En lugar de que la aceitera lleve al exterior su producto, directamente, se lo vende a la automotriz que será la encargada de colocarlo en los mercados internacionales. ¿Qué gana cada uno? La hasta ahora exportadora se saca de encima los trámites burocráticos y costos asociados a la exportación y puede cobrar una comisión de entre el 7 y el 15%. El que compró el aceite (la importadora automotriz) compra de ese modo un “saldo a favor” para poder importar su insumo o producto principal. Es por esto que algunos especialistas hablan de que en la práctica estos controles representan una devaluación encubierta del 10%.
El tercer mecanismo, la exportación por cuenta y orden de terceros, no difiere tanto de esto. La exportadora se ahorra los costos logísticos y accede a mercados desconocidos, en una operación de bajo riesgo de incumplimientos. Las comisiones son menores para la importadora, pero no puede deducir el IVA, a diferencia de cuando compran el producto en el mercado interno para luego venderlo al exterior.
“El año pasado, fue el boom de la exportación por cuenta y orden de terceros. Hoy, lo que prima son los compromisos de importación incremental”, dice Miguel Ponce, gerente de la Cámara de Importadores de la República Argentina (CIRA). Estos son acuerdos que permiten computar exportaciones de operadores habituales como propias del importador. En la práctica, se trata de un virtual “bono” pro-importaciones o un “crédito fiscal”. Claro que para lograr esto hay que comprometerse de alguna manera ante la Secretaría de Comercio a que se ayudará a aumentar las ventas a esta compañía exportadora que ofreció este “bono”. “Hoy no aceptan compensaciones no incrementales”, dice Eduardo Serena, despachante de aduanas de la provincia de Córdoba y miembro de la Cámara de Comercio Exterior de esa provincia.
“Por un lado se generó un gran negocio detrás de estas medidas, en especial de aquellas empresas que ofrecen intermediar para unir a importadores y exportadores -opina Fumari-. Unen las puntas, cobran una comisión y punto. Desde la visión de las empresas importadoras y exportadoras, el exportador tiene un canal más de venta. Por otro lado, están los importadores que son los que más problemas tienen porque no es fácil empezar a exportar de la nada, como tampoco es fácil conseguir a un exportador para que te compense todas las operaciones”.

Brusca caída
Según distintas fuentes del sector, las declaraciones juradas anticipadas de importación (DJAI) no tienen fecha máxima de aprobación y por eso terminan cajoneadas. Todo se complejiza más porque estos mecanismos no están oficializados en una norma. Fuentes del sector y empresarios que pidieron no ser mencionados explicaron que para averiguar si se puede desbloquear una operación hay mandar diariamente un mail a notadepedidos@mecon.gov.ar y esperar la respuesta. En algún momento llama un operador, que no se identifica más que con un número y dice en qué condiciones se va a poder importar.

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