Archive for the ‘Columnas de opinión’ Category

Contra la corriente

noviembre 10, 2014

Marcelo Elizondo, Director General de Desarrollo de Negocios Internacionales

Escribió hace unos años Enrique Valiente Noailles que uno de los misterios de la vida es la capacidad que tenemos los seres humanos para olvidar el enigma que nos rodea y convertir las cuestiones pequeñas de la vida en lo primordial, concentrándonos en la ‘escala pequeña’, lo que nos devuelve la sensación de que gobernamos alguna instancia de la realidad. Pero él mismo a la vez sostiene que, cada tanto, es relevante volver hacia una ‘escala total’ para no perder del todo la noción de nuestra situación última.
Con esa lógica, hay que reconocer que consumimos noticias sobre desaceleración de la economía en China, estancamiento en Alemania o debilitamiento en Brasil; pero, a la vez (y mientas también en esa mirada hay que observar una no desdeñable recuperación de la economía norteamericana) está ocurriendo en el mundo un proceso irreversible de notable impacto: el comercio transfronterizo mundial crece más que el producto bruto global y la internacionalización de la economía avanza de tal modo que ya no existe tal cosa como el ‘comercio exterior’, sino que se han estructurado procesos globales sistémicos de tres eslabones: ‘inversión internacional –alianzas entre empresas en cadenas de valor– comercio internacional’.
En el corriente 2014, según la OMC, las exportaciones globales crecerán 3,1% (aun cuando se esperaba un alza de más de 4%) y la previsión para 2015 es de un crecimiento de las mismas del 4%. La OMC anuncia un aumento del 2,5% de las exportaciones de las economías desarrolladas en 2014, y un alza para ellas del 3,8% en 2015; y espera que las exportaciones de las economías en desarrollo crezcan un 4% en 2014 y un 4,5% en 2015. Antes, el promedio del alza del comercio en 2012/2013 fue del 2,2%.
Un hecho de notable relevancia es que si se suman las exportaciones de bienes y servicios de todos los países del mundo, en 1980 la economía mundial exportaba 17% de su producción, en 2008 avanzó hasta exportar el 27% de su producción, y a la fecha la economía mundial ya exporta nada menos que alrededor del 40% de su producción.
Mientras tanto, la Argentina exportará en 2014 unos u$s 10.000 millones menos que en 2011 (10% menos que en 2013), sufrirá en 2014 el tercer año consecutivo de ventas externas más bajas que en algún año anterior (situación que no se observaba desde 1981 y sus tres años inmediatos posteriores), y contará con la más baja participación de las exportaciones en el PBI desde el inicio del siglo.
Esto no es un hecho fortuito, pero tampoco es la consecuencia de un mundo en el que el comercio se debilite. Todo lo contrario. Atribuir a hechos mundiales padecimientos que tenemos nosotros es no entender lo que ocurre.
La mentira no es el único sustituto de la verdad, porque también existe el error; y parece ser éste el que impide ver lo que transcurre más allá de nuestras fronteras (nuestras exportaciones –descontando la incidencia de los precios– caen 9% en volúmenes, cuando en Latinoamérica crecieron 5,5% en el primer semestre de 2014; mientras que en el mundo la inversión extranjera directa creció 13% el año pasado pero en Argentina decreció 11%). La advertencia, pues, es que hay que entender que en el mundo los negocios productivos internacionales crecen y que quienes ingresan en procesos de inversión, alianzas y comercio transfronterizos mejoran su calidad de vida. Pero Argentina optó por diluir vínculos externos.
Isaiah Berlín distinguió para analizar las acciones humanas entre el comportamiento del erizo (que se mueve atraído por una sola idea fija) del del zorro (que no tiene una visión única sino diversos puntos de vista, y no está atado a una visión particular, y por ello puede decidir más fácil según el contexto). Es una visión menos fija lo que permitiría advertir que en el mundo más que crisis hay cambio. Y que si se trabaja para desarrollar atributos, conocimiento, innovación, valor, cualidad; los negocios internacionales generan riqueza, aumentan ingresos, crean empleo calificado y fomentan la inversión.

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¿Volverá la energía a sorprender en 2013?

enero 7, 2013

Fernando Navajas, Economista Jefe de FIEL

 Los últimos datos relevantes de la coyuntura energética de fines de 2012 confirmaron cierto control de los efectos externos y fiscales que la energía trasmitió a la economía en 2011. ¿Será esa la norma de 2013 o volveremos a un sendero de deterioro?
En este sentido, 2012 fue un buen año para el gobierno, dado lo que se esperaba al comienzo. Contra todos los pronósticos en el plano externo se observó un virtual estancamiento del déficit comercial (y de las importaciones) en el entorno de los u$s 3.000 millones.
En el plano fiscal se redujo el déficit de CAMMESA aunque sobrevinieron otros desequilibrios nuevos en el área de distribución de electricidad. Pero ambos fenómenos ocurrieron en medio de una también muy firme tendencia de caída de la producción de gas natural (contra la expectativa fabricada luego de la expropiación de YPF), un virtual estancamiento de la producción de petróleo y un concomitante significativo aumento de las importaciones de gas natural.
Todo lo anterior requiere alguna explicación que nos ayude a entender porqué las cosas salieron de un modo distinto al esperado y nos enseñen a ser algo más flexibles para mirar el 2013.
Gran parte de dicha explicación debe encontrarse en el efecto que la combinación de una menor demanda de energía (por el “espacio” generado por la menor actividad industrial) y una mayor utilización de la capacidad de procesamiento de crudo tuvieron sobre ambos desbalances (externo y fiscal). La menor demanda de gasoil (cerca de 5%) y la mayor oferta disponible por la recuperación de la capacidad de procesamiento de crudo (en el entorno del 3%) permitieron reducir las importaciones de combustibles líquidos, que explicaban 60% de las importaciones de energía en 2011.
Por su parte, la menor demanda de gas natural de la industria hizo espacio para el uso de gas natural por parte de los generadores eléctricos (+13% respecto a 2011) lo cual ayudó a bajar el déficit de CAMMESA y además a generar por encima del crecimiento de la demanda de electricidad y de este modo reducir significativamente (en 2000 GWh; es decir casi u$s 800 millones) las importaciones de energía eléctrica. Pero la demanda total de gas subió en 2011 por el efecto de mayor consumo residencial y comercial, mostrando que las reducciones de subsidios encontraron límites nuevamente y el manejo de la demanda de energía está lejos de lo requerido. Las importaciones de gas natural crecieron 33% en 2012; pero las originadas en Bolivia lo hicieron a más del doble mientras que las provenientes de los barcos regasificadores sólo aumentaron en el entorno de 3%. Esta sustitución de “gas por gas” también facilitó el control de las importaciones y del déficit comercial.
¿Cuánto de esta configuración particular de factores que operaron en 2012 es trasladable al 2013? La impresión es que varios de los efectos positivos observados en 2012 pueden acotarse o no repetirse en 2013. Por ejemplo, la sustitución hacia gas boliviano viene limitada por la capacidad de transporte disponible.
Al mismo tiempo el aumento de la capacidad de procesamiento de crudo puede repetirse pero dependerá de esfuerzos ingenieriles y de pequeñas inversiones. Ciertamente la demanda de energía del sector industrial parece que no va a repetir la misma caída, a menos que la economía se hunda en una estanflación, cosa que no está en el consenso de pronósticos macroeconómicos. Por otra parte, la caída de la producción de gas natural continúa siendo la “hipótesis nula” (o de trabajo) a rebatir, dado que los últimos datos confirman el patrón de los últimos años; mientras que la de petróleo es una incógnita que pende de la capacidad de reorganización de áreas críticas en la cuenca de San Jorge.
Finalmente, la agenda de reducción de subsidios parece detenida y -salvo reacciones puntuales como la de la suba de cargos fijos en electricidad y gas natural para paliar los graves desequilibrios financieros en distribución- preocupa la falta de acción en plena víspera de un año electoral.
La Argentina continuará -bajo este gobierno- siendo un “ave raris” en materia de precios y tarifas de la energía no sólo por una cuestión de niveles sino también de estructura de precios. Los ejemplos de 2012, empezando por la (des)formación de precios del upstream, pasando por el collage de precios del mercado eléctrico mayorista (donde la demanda paga 16 precios distintos; el más bajo es pagado por el 31% del consumo y es apenas un 6% de los costos contables del sistema), siguiendo por el extravagante mecanismo de determinación de los precios de los biocombustibles y terminando en las múltiples modificaciones de los cargos fijos en gas y electricidad (algo anormal en el mundo) confirman un cuadro psicótico avanzado en materia tarifaria. En suma, es posible que lo que vimos en 2012 haya sido una pausa y que en 2013 retornemos a enfrentar un mayor deterioro en los frentes externo y fiscal provocados por la energía.

La OMC, la viveza criolla y la legalidad

abril 12, 2012
Julio J. Nogués Profesor, Universidad Di Tella

 La principal novedad en el Comunicado reciente emitido por la Organización Mundial de Comercio (OMC) en contra de las medidas proteccionistas de Argentina*, es el Comunicado mismo porque todo lo mencionado en el documento se ha expresado reiteradamente desde 2004 en el Comité de Licencias de este organismo**. En este ámbito, las quejas han sido expresadas por muchos Miembros tanto de países desarrollados como en desarrollo incluidos algunos de América Latina que no han firmado el reciente Comunicado. Un resumen de las mismas hasta 2010 se presenta en el cuadro de más abajo.
Por lo tanto en este sentido y contrariamente a lo publicado en muchos artículos periodísticos, no hay evidencias nuevas que avalen las afirmaciones de que por causa de estas quejas el país está más cerca de enfrentar un caso ante el Tribunal de Solución de Controversias de la OMC. Los golpes están viniendo por otros lados.
El Comunicado firmado por tantos países es un hecho inédito y refleja un elevado nivel de frustración con Argentina: una frustración con el hecho de que el país ha regresado a sus viejas y costosas políticas de sustitución de importaciones (SI) a pesar de que por primera vez, esto ocurre con obligaciones incluidas en los Acuerdos de la OMC ratificadas por el Congreso a través de la Ley 22.425. Argentina le ha demostrado a la comunidad internacional como hay que proceder para “encontrarle la trampa a la ley”.
La “viveza criolla” le ganó a la OMC al menos por ahora. ¿Y esta vez, cuál ha sido la viveza? Otorgar protección a través de instrumentos y mecanismos poco o nada regulados por la OMC como por ejemplo, licencias de importación (aparentemente también llamadas telefónicas) en lugar de medidas antidumping cuya administración requiere de pasos concretos y transparentes antes de implementar una medida.
La viveza criolla, el repudiar las reglas como una forma transparente de administrar una democracia, ha sido una causa central de nuestra decadencia económica (J. Nogués, 2011, Agro e Industria: del Centenario al Bicentenario, Editorial Ciudad Argentina). Sobre este punto, el Comunicado de la OMC hace referencia a una aparente ausencia de un marco jurídico adecuado para implementar muchas de las nuevas políticas proteccionistas. Si es así, se desprende que tampoco existe un marco legal eficiente para que las personas y los comerciantes de nuestro país puedan defenderse de posibles abusos administrativos.
También estamos alimentando una “mala onda” sobre nuestras exportaciones que amenaza tornarse crecientemente costosa. Las medidas tomadas por Brasil en respuesta a licencias de Argentina ya han desacelerado el comercio automotor en un grado impensado hace pocos meses. China ya ha actuado en contra de nuestras exportaciones de soja y acá la geopolítica nos ha movido hacia una mayor cautela. Estados Unidos nos ha sacado unilateralmente del Sistema Generalizado de Preferencias (SGP) por incumplir con el Tratado Bilateral de Inversiones: están amenazadas exportaciones por unos u$s 470 millones de dólares.
Al igual que lo ha hecho en el Comité de Licencias de Importación, Argentina ha respondido el Comunicado aseverando que cumple con las reglas y que seguirá implementando su estrategia de SI. Dadas las circunstancias esta ha sido una respuesta torpe. Los ejemplos mencionados en contra de nuestras exportaciones no pasan por la OMC pero son demasiado importantes como para responder que seguiremos con mas de lo mismo. Si lo hacemos, las medidas contra nuestras exportaciones seguirán creciendo y nuestra respuesta tendrá costos sociales crecientes.
Por último, lo más relevante no está relacionado con estos hechos sino con la triste realidad de que la cultura Argentina tiene una fuerte tendencia a inclinarse por la ilegalidad; por la ausencia de reglas que limiten los abusos de las personas y los gobiernos sobre el resto. Esto es lo que está en la raíz de nuestra decadencia y no visualizo que la persuasión moral que está intentando la comunidad internacional pueda influir sobre nuestros valores. El cambio tendrá que venir de adentro.

*http://www.wto.org/english/news_e/news12_e/good_ 30mar12_e.htm
**http://www.wto.org/spanish/tratop_s/implic_ s/implic_s.htm

La integración productiva sigue siendo un eje prioritario para Brasil

julio 14, 2011

El proceso de integración productiva que encaró el GIP brasileño, sigue teniendo el mismo impulso generado durante su gestión como secretario de D, I y CEx durante el gobierno de Lula da Silva, afirma Welber Barral. “La cuestión del Mercosur es estratégica y prioritaria para el gobierno de Brasil, con lo que todos los proyectos van a seguir desarrollándose”, explicó.

Sin embargo, reconoció que el cambio de gobierno y por tanto de funcionarios y un recorte presupuestario, le dieron un ritmo más lento al funcionamiento del área de integración productiva nacional (IP). Lo hizo en el marco de una conferencia desarrollada en la Fundación Standard Bank.

“Brasil sigue manteniendo como eje prioritario al proyecto de integración productiva”, confirmó Barral. En su concepción, “la integración productiva tiene dos facetas visibles, una es la posibilidad de aprovechar la producción regional y generar una mayor escala de producción, y la otra es carácter político, creando integración económica”.

Se refirió a los trabajos más interesantes de IP, generados en las fronteras, para las cuales se cuenta con un grupo de trabajo especial de integración fronteriza. “Hubo experiencias muy interesantes en las que se avanzó, como con el sector muebles de ambos países, con temas que tienen que ver con standarización, normas técnicas, licencias, certificados. La experiencia, desarrollada en el sur de Brasil en el sector maderero, permitió generar exportaciones conjuntas con Argentina, desde el Proyecto de las Misiones.

Otro caso interesante mencionado por Barral fue el del sector automotriz y de autopartes, que ha desarrollado mecanismos de especialización productiva en cada uno de los países, con intercambio por ambas partes, con muy buenos resultados.

Durante su gestión como secretario de Comercio Exterior de Brasil, las reuniones bilaterales producidas entre funcionarios argentinos y brasileños compartían la “preocupación” por la creciente importación de piezas para automóviles desde otros mercados, sobre todo desde el asiático, cuyos menores precios podían poner en problemas a las industrias de ambos países.

Al ser preguntado por la forma en que estas empresas pymes integradas se internacionalizan, y cómo juegan en este sentido las empresas transnacionales, Welber Barral manifestó que cada sector requiere de una estrategia diferente. “En el sector mueble, que es un sector pyme, se debe internacionalizar antes que nada a las empresas. En el caso automotor, la gran empresa cuenta con estrategias globales, con lo que los países deben trabajar exhibiendo las ventajas de las empresas pymes para su inserción en este circuito”, señaló.

Fueron destacados también en su charla, los proyectos de integración en el sector aeronáutico y de petróleo & gas. El caso de Embraer, con el que trabajan muchas pymes, “está muy relacionado con certificaciones internacionales para el sector”.

“El sector de petróleo y gas es otro proyecto estratégico. El tema central es la acreditación de empresas que pueden trabajar con Petrobras”, sostuvo en referencia al proyecto que está pensado para aprovechar la oportunidad del descubrimiento de la cuenca petrolera Presal frente a las costas del Brasil, para la vertebración y desarrollo de la cadena regional de proveedores de bienes y servicios para Petrobras Brasil.

“Para cada sector se requiere una estrategia especial, porque las demandas son distintas, y tienen que venir del sector productivo. El grupo de integración productiva es quien debe resolverlas”, concluyó.

Acerca de GIP y el ingreso de las Pymes al modelo económico del Mercosur

En el año 2008, el Grupo de Integración Productiva (GIP) del MERCOSUR es creado por Decisión CMC Nº12/08, como un órgano dependiente del Grupo Mercado Común (GMC). Su principal función es la de coordinar y ejecutar el Programa de Integración Productiva del MERCOSUR (PIP), así como todas las propuestas y acciones relacionadas con dicha temática. El GIP está integrado por representantes designados por los gobiernos de los Estados Partes y tiene como último objetivo que el aparato productivo del bloque, constituido en un 98% por pymes, despliegue su pontencial asociándose, complementándose e innovando, generando empleo y distribución equitativa de riqueza; atendiendo al propio mercado regional y exportando a terceros.

Este proyecto nace después de haber pasado con la constitución del Mercosur en los años 90, conformado como un aliciente para la dinamización del mercado, pero sin haber generado las bases de un crecimiento sustentado en bases productivas regionales. A partir del Consenso de Buenos Aires de 2003, celebrado entre Brasil y Argentina, comienza una etapa de atención al desarrollo social y prouctivo del Mercosur. En la primera Cumbre Social del bloque, en julio de 2006, en la ciudad argentina de Córdoba, se produce el “Encuentro por un Mercosur Productivo y Social”, con rerpesentantes de organizaciones sociales, sindicales y productivas,  

Dos años después, en la Cumbre de Tucumán, se aprueba el Primer Programa de Integración Productiva (PIP) y se da nacimiento al GIP para su implementación. El PIP, junto al Fondo de Garantías del Mercosury el Programa Marco de Ciencia y Tecnología para la Innovación Productiva, constituyen herramientas estratégicas para llevar adelante los desafíos del desarrollo social y productivo. Con ese objeto, en el GIP participan ministerios y organismos de cada país que expresan las relaciones exteriores, la industria, la economía, la ciencia y la tecnología, las finanzas, la agricultura, el desarrollo social, las zonas fronterizas, así como el sector privado a través de cámaras sectoriales.

[Graciela Baquero]

Avanzamos hacia el comercio administrado

julio 4, 2011

Alieto Aldo Guadagni Economista. Miembro del Instituto Di Tella

El tipo de cambio es la llave del nivel y la composición del comercio internacional de un país moderno, claro que también juegan un papel las regulaciones pero el mismo es normalmente secundario y complementario del rol central del precio de las divisas.
El caso es que ahora mes a mes avanzan entre nosotros la importancia de las normas burocráticas, las mayorías discrecionales y carentes de razonabilidad. Este proceso de deterioro tiene que ver con la pérdida de competitividad de muchos de nuestros sectores productivos, particularmente en la industria manufacturera y en las economías regionales, también afectadas por derechos de exportación que son una traba al aumento de la inversión y la producción.
Un observador superficial se podría asombrar de este fenómeno de la pérdida de nuestra competitividad productiva frente al mundo, si es que se guía simplemente por la evolución reciente de las divisas mundiales frente al dólar. Es así como en los últimos 30 meses el real se revaluó nominalmente un 31% frente al dólar, y sigue la larga lista: el yen japonés 14, el yuan chino 5, el euro 12, la libra 9, el franco suizo 30, la corona sueca 24, el peso chileno 31, el mexicano 13 y el colombiano 23, mientras que por el contrario, nuestro peso se devaluó nada menos que un 17%.
Estas diferencias notables impulsan en principio a creer que nuestro sector productivo enfrenta hoy condiciones inmejorables en la arena internacional, ya que somos, conjuntamente con Venezuela los únicos países de la región que hemos depreciado nuestro tipo de cambio nominal con respecto al dólar, divisa que a su vez como vemos se ha desvalorizado fuertemente en todos los importantes mercados financieros del planeta. Pero nada de esto está ocurriendo y por esta razón se observa un sistemático crecimiento del comercio administrado, particularmente en las importaciones y en menor medida en las exportaciones, que tiende a ensanchar las áreas de disputas diplomáticas con otras naciones, que es lo que ha venido ocurriendo en los últimos meses en nuestros tres principales mercados: Brasil, Unión Europea y China, que en conjunto son el destino de la mitad de nuestras exportaciones pero representan nada menos que dos tercios de nuestras importaciones totales.
Esto no ocurre de casualidad, estamos ya en presencia del inicio del deterioro estructural del superávit comercial externo, y esto ocurre por dos razones: en primer lugar se evaporaron ya 20 años de saldos comerciales positivos en el área energética, que hasta hace pocos años llegaron a representar nada menos que la mitad del superávit comercial; estamos cubriendo ahora con crecientes importaciones la fuerte caída en la producción de hidrocarburos (primera vez que en los últimos 80 años cae mes a mes la producción de gas y petróleo). Este grave retroceso productivo esta motivado por la caída de las reservas, consecuencia directa de la significativa reducción en el esfuerzo exploratorio (ahora se explora la cuarta parte que en los noventa, a pesar que el petróleo vale cinco veces más).
Este es el resultado de una política energética que, al no estimular la exploración apunta sin pausa desde hace varios años a sustituir con importaciones la caída en la producción, en un novedoso y perjudicial intento de “promoción de importaciones”.
El otro factor negativo para el superávit comercial es la pérdida de competitividad internacional de nuestra producción, debido al alza de los costos internos expresados en dólares. Recordemos que los sindicatos no le creen al Indec y por eso sensatamente negocian salarios sobre la base de la inflación real; en este escenario esta alza sostenida de estos costos en dólares es otro factor que incidirá en el sentido de implantar más medidas burocráticas para trabar las importaciones.
Es evidente que mes a mes la industria manufacturera argentina observa como le es más difícil exportar y al mismo tiempo crece la amenaza de crecientes importaciones, incluso de países que incluso han revaluado sus monedas pero que no tienen nuestra inflación. Como los costos de producción en dólares suben sin cesar (inflación de costos internos que trepan más rápido que la devaluación del peso) se está así agravando la pérdida de competitividad de la industria local. Esto explica, y para muchos sectores productivos también justifica, la implementación de medidas administrativas que traben las importaciones. Como el ministro Boudou no está en condiciones de definir una política cambiaria que refleje otra política fiscal y monetaria más sensata, se aferra con mucha ingenuidad a seguir utilizando el Instituto Nacional de Estadísticas como organismo oficial que difunde mes a mes estadísticas groseramente falsas sobre la inflación.
El ministro podrá insistir en ignorar la gravedad de la inflación, pero pronto tendrá que aceptar que “La única verdad es la realidad”, esperemos que no siga perdiendo el tiempo como hasta ahora.

Fuente: el cronista

Brasil se distancia, la Argentina no reacciona

abril 13, 2011

Marcelo Ramón Lascano Economista

En una reciente y extensa nota publicada en The New York Times, su título denuncia sin ambajes el contenido. Se ocupa de la visita del presidente Obama al “Nuevo Brasil” y se formulan amplias consideraciones sobre un país “transformado” en poco más de una década, que supo sacar de la pobreza a treinta millones de habitantes y que conquistó el séptimo lugar en la economía mundial. El comentario agrega que los cambios han revolucionado, además, otras políticas y despertado a los diez estados linderos convirtiéndose en consecuencia en un poder eminente y conductor de la estrategia regional, lo cual no le ha impedido estrechar lazos con Israel, Siria e Irán.
Ahora bien, el exitoso transitar, al cual me referí “in extenso” en Archivos del Presente hace cuatro años, no es ajeno a una fina e invariable estrategia política y gestión diplomática, pues a los logros globales mencionados, deben agregarse otros también contemplados en la nota de marras. Así se subraya la atracción de amigos mediante crédito, ayuda y comercio, como es en el caso de África, adonde llegan los intereses nacionales vía asistencia para el desarrollo y fuertes inversiones en petróleo e infraestructura. Los EEUU no quedan al margen. Brasil es un importante acreedor, proveedor y cliente con u$s 160.000 millones en Bonos federales.
Yendo al amplio vecindario que compartimos el firme posicionamiento en la zona amazónica afirma una envidiable fortaleza estructural que con habilidad política y diplomática, a la cual no es ajena su ofensiva en el campo militar industrial, habilita al país a desempeñar un hegemónico papel en la región y en el mundo a partir de sus significativas reservas petroleras, de disponer del 40% del agua fresca (potable) disponible en el globo, de enormes reservas energéticas y con capacidad de convertirse en garante de la seguridad alimentaria mundial.
Según la nota del matutino estadounidense, la expansión de Brasil ha “irritado” a muchos en Washington seguramente debido al manejo de tiempos y objetivos políticos independientes, de modo que no podría deducirse vasallaje alguno respecto de la relación con la superpotencia y sus resultados. Por ejemplo, “choques sobre intereses y puntos de vista mundiales que han irrumpido en años recientes sobre cuestiones como Irán, Colombia, Honduras, cambio climático, comercio internacional, Irak, Cuba, Venezuela” lo confirman en una atmósfera de desconfianza bilateral que “coloreó” los últimos dos años. La especial relación con Irán es reveladora, lo mismo que incursiones en Africa y en los estados árabes a pesar de discrepancias sobre derechos humanos.
En la reciente entrevista con el Presidente Obama, la mandataria brasileña subrayó que “el trato con los EEUU será en un pie de igualdad y sin superiores alrededor”. Prevalecerá una relación productiva sin disputas ideológicas. Como consecuencia, los intereses estadounidenses en América Latina demandarán “crecientes grados de consulta y cooperación con el poder regional líder, Brasil”. El ascendente poder científico y militar no es ajeno a la necesidad norteamericana de contar con esa cooperación, léase también Atlántico Sur. La tolerancia con la expansión del complejo militar-industrial brasileño parece confirmarlo y, obviamente, acortará los tiempos para conquistar una poltrona como miembro permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Será un paso trascendental, no fácil, pero coronará una década envidiable que desafortunadamente no podemos compartir porque a pesar de varios cambios políticos, los objetivos nacionales entre nosotros todavía carecen de formulación concreta. Siempre la coyuntura nos condiciona en contextos donde no se apela a los ajustes circunstanciales como vehículos para alcanzar metas estructurales que nos proyecten al porvenir, sino para sobrevivir a desafíos que no se resuelven sin contemplar el porvenir con ingenio, coraje y voluntad transformadora. La política, oficial y opositora, tiene la ocasión electoral para competir según ideas y programas, abandonando un escenario que nos confina a una posición cuya perpetuación amenaza nuestro rango en el mundo.
Cuando afirmamos que la Argentina no reacciona no estamos apuntando a sectores o facciones determinadas de la vida nacional. Señalamos la ausencia de ideas provocadoras, de una fatiga que sólo desde la política podría corregirse con prescindencia de ideologías cuya intrascendencia ha sido probada y cuya repetición condiciona severamente el porvenir. Lo de Brasil no es casual, tampoco lo de Chile y Uruguay, en la medida cuyos desempeños merecen un insoslayable reconocimiento ecuménico que nos da las espaldas.

Fuente: el cronista

“La idea de autarquía está fuera de lugar”

noviembre 24, 2009

El libre comercio es una especie de quimera y los procesos de liberalización nunca son homogéneos. Pero ningún país puede plantearse como agenda de desarrollo prescindir del vínculo con el resto del mundo.

La verdad, revelada, sigue en el medio. Así lo entiende el economista Roberto Bouzas, magíster en Economía de la Universidad de Cambridge y director académico de la Maestría en Relaciones y Negociaciones Internacionales de la Universidad de San Andrés y de Flacso/Argentina.

“Toda política de integración más profunda requiere políticas internas que la acompañen para hacerla sostenible y viable”, resume.

-¿Qué fenómeno dentro de las corrientes internacionales de comercio y de integración surgió con fuerza a partir de la crisis?

-Un tema fue el riesgo de la fragmentación y de aumento del proteccionismo. Tradicionalmente, la Organización Mundial del Comercio (OMC) fue vista como una máquina para liberalizar. Esta crisis sirve para ver si puede transformarse ahora en máquina para evitar la regresión proteccionista.

En medio de esto se encuentra el conflicto entre las reglas del sistema multilateral y un fenómeno que lleva 20 años, que es la explosión de acuerdos preferenciales con dos características definidas: es un fenómeno global y lo más novedoso es que se da entre países desarrollados y en desarrollo. Son acuerdos muy diferentes a los tradicionales.

-¿Por qué?

-Porque son asimétricos. El primer acuerdo de estas características se dio entre los Estados Unidos, México y Canadá, países muy diferentes en ingreso per cápita y en nivel de complejidad de su estructura productiva y de su agenda de negociación. Y esto se da porque los intereses ofensivos de los países desarrollados en estas negociaciones preferenciales radican en áreas donde el ritmo de progreso en el plano multilateral es o lento o nulo.

Para los países en desarrollo, la mirada pasa por el acceso al mercado y, dependiendo el país, los intereses ofensivos están localizados en sectores que a su vez son sensibles en el país desarrollado. Hay un problema de equilibrio en el resultado final que depende de cómo se evalúen los intangibles, como el efecto de esos acuerdos sobre las expectativas, el clima de negocios o el funcionamiento institucional.

-¿Cómo queda parado el libre comercio después de esta crisis?

-El libre comercio es una especie de quimera, una idea muy poderosa que tiene 200 años de consolidación entre los economistas. El sistema de comercio internacional de los últimos 50 años ha tenido un enorme progreso en materia de liberalización, pero la liberalización nunca es homogénea. Una de las paradojas es que cuanto más liberalizás en términos de barreras fronterizas, más importancia pasan a tener las prácticas regulatorias internas.

No es fácil la idea del libre comercio donde todos ganan. Es un como un juego de cajas chinas: siempre hay otra caja más chica adentro y más complicada para abrir, porque surgen conflictos técnicos y políticos asociados a la regulación.

-¿Qué valor le asigna a los negocios internacionales en el desarrollo de una economía?

-Depende del caso en particular y de las condiciones de partida del país. Hay ganancias que vienen con el acceso a los mercados, pero muchas veces se olvida de que la capacidad de aprovecharlas depende de los recursos internos, institucionales.

Hoy hay un gran debate entre los economistas respecto de la causalidad que existe entre apertura y crecimiento: algunos están convencidos de que es lineal, y muchos dudamos de que sea así. Los negocios internacionales son fuente de oportunidades si tenés condiciones para explotarlas.

-Sin entrar en la coyuntura, un país como la Argentina, ¿Necesita los negocios internacionales? ¿Son condición para su desarrollo?

-Ningún país puede hoy plantearse como agenda de desarrollo prescindir del vínculo con el resto del mundo. La idea de la autarquía me parece que está fuera de lugar, salvo que estemos en un contexto de desintegración con la economía mundial, que no es nuestro caso.

Los economistas tendemos a mirar el impacto distributivo del comercio internacional sobre los países. Pero lo más interesante desde el punto de vista de la política no es la relación hacia afuera sino hacia adentro, el efecto que la apertura o la protección tienen sobre sectores internos que son los que en definitiva forman coaliciones y se organizan para operar sobre los que toman decisiones. Toda estrategia de inserción internacional tiene un impacto distributivo que aún cuando sea positivo en términos netos (que gana el país), normalmente hay algunos, o muchos, que pierden, aunque sean en proporción menos a los que ganan. Toda política de integración más profunda requiere políticas que la acompañen para hacerla sostenible y viable. La autarquía es una utopía, pero es simplista la visión de que la apertura asegura el crecimiento y mejora la calidad de vida. La verdad está en el medio, y es complicada, porque requiere de instituciones sofisticadas que operen sobre esa integración.

Por Emiliano Galli
De la Redacción de LA NACION

Brasil se consolida como líder regional

octubre 26, 2009

En una superficie equivalente a casi la mitad de Sudamérica, Brasil cuenta con más de 190 millones de habitantes y es el quinto país en el ranking de los más poblados. Es además la novena economía en tamaño medida en dólares ajustados por paridad de poder de compra. Comparte el liderazgo global en recursos naturales, producción de granos, acero, manufacturas diversas e incluso servicios financieros. Sin embargo, Brasil también posee algunas debilidades que claramente no lo enorgullecen. Es una de las economías con peor distribución de la riqueza, la tierra está concentrada en muy pocas manos, los niveles de violencia urbana y criminalidad son sumamente elevados y es el país que menos crece entre los BRICS en los últimos 20 años.

Lo golpeó como a todos la última crisis, pero el impacto ha sido relativamente moderado. Brasil sufrió una fuerte contracción en el último trimestre del año pasado y el primero de éste. Redujo su tasa de crecimiento a -0,7% en el proyectado para 2009 respecto de la expansión del 5% que había experimentado como promedio en los dos años previos. Lo peor de la crisis ya pasó para la economía brasileña. Eso se desprende del comportamiento evidenciado por áreas clave como la construcción, servicios y agroindustria, que ya muestran una sólida reactivación. Se nota muy claro este rebote en la evolución de la Bolsa.

Esta rápida reactivación ha sido posible gracias a la eficiente implementación de medidas de política económica tales como el incremento del crédito desde la banca estatal, reducción selectiva de impuestos, aumento del gasto público, otorgamiento de subsidios, etcétera. También ha sido funcional la vinculación comercial con China.

Las cuentas fiscales están en orden. Brasil, como otros países latinoamericanos, aprendió la lección de las décadas pasadas. Así es que aprovechó la bonanza de los últimos años para avanzar en una política de desendeudamiento y redujo la deuda pública como porcentaje del PBI del 60% aproximadamente en 2002 a un 40% en 2009, incluyendo la cancelación total anticipada de créditos del FMI a fines de 2005.

El éxito de la política de desendeudamiento del sector público ha sido acompañado por una notable acumulación de reservas. De este modo, Brasil fue cambiando su perfil de deudor neto hacia un papel más bien de acreedor.

Es por la necesidad de financiamiento privado que la política monetaria podría ser algo menos restrictiva en los próximos meses. Sin embargo, la tasa de interés de referencia no debería disminuir más allá de un punto y medio hasta fines de año para alcanzar el nivel de inflación adoptado como meta por el Banco Central.

El régimen de metas de inflación constituye otra muestra evidente de los aprendizajes internalizados por el sistema económico. Más allá de la discusión que el sistema aún suscita en la literatura, el Banco Central de Brasil lo ha mantenido vigente con éxito durante toda la década. Cuando se estableció, en 1999, la meta anual de inflación era del 8% con una banda de +/- 2 por ciento. Ese año el nivel general de precios se incrementó en 9 por ciento. En 2001 y 2002 el Banco Central no logró alcanzar los niveles deseados y para los dos años siguientes debió revisar al alza sus proyecciones. Finalmente, el sistema maduró y hoy Brasil luce una tasa de inflación de un dígito con una meta del 4,5% y una banda de +/- 2 por ciento. Este logro es doblemente importante no sólo porque constituye una garantía básica para una economía estable y previsible, sino porque también es un gran aporte a la lucha contra la pobreza, ya que son los sectores de menores recursos los que más sufren la inflación.

A pesar de estos logros, aún le queda mucho por mejorar a Brasil. Las tasas de interés, por ejemplo, son muy elevadas entre otras razones por los altos costos de operación, moras e insolvencias del sistema financiero.

Otros analistas destacan todavía el “costo brasileño”, haciendo referencia a los egresos en exceso que generan instituciones aún frágiles, fuerte corrupción, infraestructura insuficiente y elevada criminalidad. Son desafíos que Brasil deberá superar para ganarse y consolidar su liderazgo en América del Sur. Veamos brevemente dos: la infraestructura y el frente social:

El proceso de crecimiento brasileño exige una pronta adecuación de su matriz energética y de su sistema de transporte que permita responder a los desafíos de la integración regional. La infraestructura vial debe facilitar una eficiente salida al Pacífico para satisfacer las demandas asiáticas. Esto debe complementarse con mejoras en el sistema de puertos sobre el Atlántico atendiendo a los requerimientos de las economías regionales. En materia de energía Brasil ha logrado avances muy significativos en los últimos años gracias a la exploración de su plataforma submarina en busca de petróleo y al desarrollo de biocombustibles. Es importante consolidar estos avances con una visión de mayor integración con la región.

Avances importantes

El combate a la muy regresiva distribución del ingreso en Brasil ha sido adoptado como política de Estado por los gobiernos que se han sucedido desde la década de los noventa. Sin embargo, fue durante la primera presidencia de Luiz Inacio Lula da Silva que se comenzaron a evidenciar avances importantes gracias a incrementos en el salario mínimo, progresos institucionales en el mercado laboral y ampliación de la cobertura de los programas sociales, especialmente el plan Bolsa Familia. Este programa llega a más de doce millones de familias con asignaciones mensuales de 100 reales y exige como única contraprestación la escolaridad de los niños y el cuidado de la salud.

Brasil está de moda sin lugar a dudas por sus recientes logros en acceder a futuros megaeventos deportivos que tendrán seguramente réditos económicos. Después de cuatro gobiernos sólidos y en la buena dirección, a pesar de la agenda importante de cuestiones por resolver, es esperable, por la racionalidad de sus políticas macro y microeconómicas, una tasa de crecimiento elevada para la próxima presidencia con un nivel de dólar claramente atrasado, pero que es coherente hasta el momento con la estructura y dinámica de su inserción exportadora y está relacionado con su éxito. Si Brasil se sigue normalizando, a diferencia del tan sólido Chile, que por su condición de país pequeño es menos influyente, el efecto para la región en términos aspiracionales es muy relevante. En particular para nuestro país, integrado comercialmente en el Mercosur desde hace casi dos décadas, puede ser el proceso de Brasil muy valioso para que consolidemos nuestra propia estrategia de desarrollo.

El autor es director del área económica del IAE-Universidad Austral

LOS TRES PLANOS DEL SISTEMA DEL COMERCIO MUNDIAL:

mayo 19, 2009

Félix Peña

 

La interacción entre los tres planos del sistema del comercio mundial (el nacional, el regional y comercial preferencial y el global multilateral), es relevante tanto para la formulación y aplicación de políticas públicas a nivel de cada país, como para el trazado y ejecución de estrategias empresarias, especialmente de las empresas expuestas a la competencia internacional.

Es también relevante para la eficacia, en el plano global multilateral, del sistema de la OMC y para las negociaciones de la Rueda Doha.

La tensión dialéctica entre los mencionados tres planos, es hoy una de las cuestiones centrales de la agenda del sistema del comercio mundial y, en particular, de la OMC. La idea que uno predomine – por ejemplo el global multilateral – sobre los otros puede ajustarse a visiones teóricas e ideológicas. No ocurre así en la realidad y difícil es que ello ocurra sin una efectiva centralización del poder mundial, algo que es más que improbable que se produzca al menos en lo que es previsible en la actualidad.

Es mas realista, procurar desarrollar criterios, enfoques y mecanismos que permitan al menos preservar un razonable equilibrio entre los tres planos, el que probablemente estará por mucho tiempo marcado por la inestabilidad. Y es un equilibrio inestable que requerirá, para preservarlo, operar simultáneamente sobre cada uno de los tres planos y sobre sus interacciones.

Es posible prever que las nuevas realidades impulsarán a todos los protagonistas – gobiernos y empresas – por su propio interés, a procurar instituciones y reglas de juego que aseguren a la vez flexibilidad y previsibilidad. De ellas se esperará que permitan desarrollar estrategias adaptadas a un mundo que presentará, cada vez más, un cuadro de múltiples opciones en la inserción internacional de países y de empresas.

 

El marco regulador del sistema del comercio mundial es la resultante de principios (que a veces reflejan diferencias culturales y también ideológicas), instituciones (especialmente, como ámbitos de negociaciones, producción de reglas de juego, disciplinas colectivas y solución de diferendos) y reglas (tanto formales e informales, incluyendo sobre-entendidos), que se generan en tres planos que interactúan entre sí.Como es sabido, ellos son el plano nacional, el regional (incluyendo el comercial preferencial) y el global multilateral. Se da entre ellos una tensión dialéctica que es, a la vez, inevitable (al menos que un país opte por el cierre total con su entorno externo), muy dinámica (cambia constantemente en sus alcances e intensidades) y relativamente compleja de administrar (dada la magnitud y diversidad que han alcanzado los intercambios internacionales de bienes y de servicios, así como su financiamiento).

La interacción entre los tres planos es relevante tanto para la formulación y aplicación de políticas públicas a nivel de cada país, como para el trazado y ejecución de estrategias empresarias, especialmente en el caso de empresas de alguna forma expuestas a la competencia internacional.

Es también relevante para la eficacia, en el plano global multilateral, del sistema institucionalizado en la OMC y para las negociaciones que se desarrollan en su ámbito, concretamente para la Rueda Doha. El debate sobre las nuevas tendencias y modalidades proteccionistas, lo ha puesto en evidencia (ver al respecto, este Newsletter, de los meses de enero, febrero y marzo 2009).

Cabe tener en cuenta además, que en la medida que las reglas (sean ellas nacionales, preferenciales o globales) penetren en la realidad, es decir que sean efectivas, podrán tener una incidencia en la canalización de flujos de bienes y de servicios, de capitales y de tecnologías, a través de países y de sus jurisdicciones. Incluso pueden impedirlos. Por ello son uno de los factores principales a tomar en cuenta a la hora de la adopción de decisiones racionales de inversión, y de enhebrar el denso tejido de redes empresarias transnacionales de producción y suministro que hoy caracterizan las relaciones comerciales internacionales.

Y en cuanto a las reglas globales multilaterales (y en su caso, las regionales y comerciales preferenciales), su función es, además, contribuir al incremento del intercambio comercial mundial, al desarrollo económico de los países y a la generación de ganancias mutuas entre los distintos protagonistas. Son objetivos que en la realidad muchas veces no se logran, al menos en la medida de las expectativas que se generan. Por el contrario, a través de la historia se observan alternancias de ciclos de expansión y de retracción de la globalización de los mercados y, en particular, pronunciadas disparidades en la distribución de beneficios del comercio mundial, tanto entre como dentro de los distintos países.

Principios, instituciones y reglas son la resultante de un largo proceso de acumulación de experiencias, muchas veces negativas, a través de los siglos. Es un proceso en que casi a cámara lenta primero, y luego en forma acelerada en las últimas décadas, pero siempre con avances y retrocesos, se han ido acrecentando las conexiones entre los distintos mercados nacionales y sus respectivas capacidades de producir y consumir bienes, de prestar y de utilizar servicios, tanto dentro como entre los múltiples espacios geográficos regionales. Es una conectividad económica y política, que tiene hoy un alcance universal, pero que sigue presentando fuertes disparidades en su distribución geográfica.

La resultante de tal proceso es un sistema del comercio mundial cada vez más intenso en sus interacciones, con diferenciaciones en sus expresiones regionales y, además, más descentrado, en el sentido que tiende a diluirse la concentración del poder relativo en pocos centros dominantes.

Todo ejercicio intelectual orientado a comprender el marco regulador del sistema del comercio mundial requiere comenzar por el reconocimiento de un primer plano de acción, el nacional, que es la resultante de políticas y preferencias de protagonistas estatales soberanos. Es decir, los que a través de los tiempos fueron conformándose como Estados nacionales. Un dato de la actual realidad, es que son más numerosos y que entre ellos la distribución del poder sigue siendo desigual. Y lo será quizás siempre. Desigualdad que proviene, entre otros factores, de diferentes dimensiones (territorio y población); ubicación geográfica; grados de desarrollo económico y social; dotación de recursos productivos; aptitud de generación del progreso técnico.

Ellos condicionan la posibilidad, incluso la vocación, de ejercer el poder que puede tener cada protagonista sobre los demás. Son ellos factores, además, que generan diferencias en la capacidad efectiva que pueda tener cada país para influenciar en la definición de las reglas de juego del comercio mundial.

Son factores expuestos a una fuerte dinámica de cambio. De ahí que el poder relativo de las naciones en los escenarios geográficos regionales y en el plano global, ha estado sujeto a continuas mutaciones a través de los tiempos. Las actuales y profundas transformaciones del poder mundial y su distribución entre un grupo más numerosos de países son, en tal sentido, un trasfondo relevante de la crisis global que hoy se manifiesta, con fuertes repercusiones en el comercio internacional y con un desenlace aún incierto.

Las reglas nacionales son las que tienen un impacto directo en las condiciones y en los costos de acceso a los respectivos mercados. Resultan de políticas y marcos reguladores, que reflejan intereses concretos de sus respectivos actores sociales, como también preferencias culturales y concepciones ideológicas predominantes en una determinada nación. Sobre todo resultan de la percepción del poder que posee o entiende poseer una nación y, por lo tanto de su capacidad para incidir en el alcance y las condiciones de las relaciones con los otros protagonistas estatales y sus respectivos mercados.

Es entonces a partir de los respectivos espacios nacionales, que los países fueron construyendo gradualmente reglas de juego y luego instituciones internacionales, que hoy son parte principal del sistema del comercio mundial. Es una construcción que tuvo por mucho tiempo, a través de la historia, expresiones a través de acuerdos bilaterales o plurilaterales, siempre con un alcance parcial en términos de países involucrados. Fueron generando distintos mecanismos que tendían a abrir los mercados o, al menos, a evitar la discriminación entre los países involucrados, con respecto a las condiciones predominantes en sus respectivos accesos. De allí que una de las primeras reglas de juego pactadas a nivel transnacional fuera la de la cláusula de la nación más favorecida, en sus distintas modalidades.

La intensificación de la conectividad entre los principales mercados observada en los últimos doscientos años, así como los efectos devastadores de las experiencias proteccionistas que siguieron a la gran crisis de los años treinta del siglo pasado, condujeron finalmente – tras la última gran guerra mundial – al creciente desarrollo e interacción entre los otros dos planos que, junto con los nacionales, conforman hoy el sistema del comercio mundial.

Uno de esos planos, es precisamente el global multilateral institucionalizado en el sistema GATT-OMC con sus ya sesenta años de evolución. Como es sabido, el principio de no discriminación es uno de sus ejes centrales, expresado en el tratamiento de más favor establecido en el artículo I del GATT. Junto con la consolidación de lo que cada país otorga a los demás, le dan al sistema – al menos en el plano normativo – la expectativa de un relativo potencial de estabilidad y un alcance relevante de seguro contra la discriminación y el proteccionismo. Con la evolución que tuviera tras la Rueda Uruguay, el mecanismo de solución de controversias en el marco de la OMC, este sistema global multilateral afianzó su tendencia a ser orientado por reglas, acrecentando así su valor político y económico, y su carácter de bien público internacional.

El otro plano, es el de los distintos ámbitos comerciales preferenciales, resultantes sea de estrategias de gobernabilidad regional (como son los casos de la actual Unión Europea y del Mercosur, entre otras expresiones relevantes), sea de estrategias de proyección internacional de los intereses comerciales de países y de grupos de países (como son los múltiples acuerdos preferenciales, bilaterales y plurilaterales), que se supone que son desarrollados en el ámbito de las propias reglas del GATT y luego del GATS.

La proliferación de estos acuerdos de alcance parcial – es decir que no abarcan a todos los miembros de la OMC – se ha intensificado en los últimos años. Ha dado lugar a distintos tipos de acuerdos preferenciales. Algunos son los denominados acuerdos regionales en sentido más estricto, con un claro objetivo de contribuir a la gobernabilidad del respectivo espacio geográfico regional. Otros, en cambio, se han ido concretando entre países incluso muy distantes. Son los acuerdos comerciales preferenciales, cualquiera que sea su modalidad y su denominación.

En todos se observan dos rasgos comunes. Responden a objetivos políticos, explícitos o implícitos, y son discriminatorios en relación al principio central del tratamiento de más favor institucionalizado en el GATT-OMC. Contienen, además y en forma creciente, elementos no preferenciales, es decir que no constituyen excepciones al mencionado principio de no discriminación.

Es una proliferación que incluso puede acrecentarse si no se completa la Rueda Doha y no se introducen, además algunas reformas al sistema global multilateral.

La tensión dialéctica entre los mencionados tres planos, es hoy una de las cuestiones centrales de la agenda del sistema del comercio mundial y, en particular, del sistema GATT-OMC. La idea que uno predomine – por ejemplo el global multilateral – sobre los otros puede ajustarse a visiones teóricas e ideológicas. No ocurre así en la realidad y difícil es que ello ocurra sin una efectiva centralización del poder mundial, algo que es más que improbable que se produzca al menos en lo que es previsible en la actualidad.

En la práctica y quizás por mucho tiempo aún, el plano nacional seguirá siendo el fundamental. Es en su ámbito en el que cada país – cualquiera que sea su poder relativo – podrá eventualmente procurar colocar los otros dos planos en la perspectiva de sus intereses, de sus estrategias y de sus posibilidades.

De ahí que en la medida que un determinado país carezca de una correcta definición de sus intereses y de una estrategia eficaz para potenciarlos, colocando a su favor lo que puede extraer de los otros dos planos, tendrá menos posibilidades de obtener lo que necesita en su interacción comercial con el resto de los países. Lo mismo ocurrirá si un país posee una apreciación errónea de sus posibilidades de acción, en particular, como consecuencia de un diagnóstico equivocado del valor real de sus aportes para los demás países y para sus respectivos mercados.

Pero es también en los otros dos planos que será preciso generar en el futuro, instituciones, métodos de trabajo y reglas de juego, que permitan en lo posible complementarlos y también en lo posible, neutralizar los efectos de sus eventuales incompatibilidades.

Distintos autores han efectuado, especialmente en los últimos tiempos, aportes útiles para quienes intentan entender y explicar la tensión dialéctica entre los mencionados tres planos que conforman el sistema del comercio mundial. Lo son, en particular, para quienes tienen que operar sobre las realidades globales en la perspectiva nacional, tanto de la formulación de políticas públicas, como del desarrollo de visiones y de estrategias negociadoras. Pero lo son también, en el caso de las empresas que procuran una inserción competitiva de sus bienes y servicios en los mercados globales y regionales, especialmente operando en la amplia gama de redes productivas y comerciales transnacionales.

Entre otros, tres libros recientes merecen destacarse por sus valiosos desarrollos y aportes. Uno es el de Richard Baldwin y Patrick Low (eds) (ver la referencia en la sección Lecturas Recomendadas de este Newsletter). El otro es el de Simon Lester y Bryan Mercurio (eds), “Bilateral and Regional Trade Agreements. Commentary and Análisis”, Cambridge University Press, Cambridge 2009). Y el tercero, es el de Tatiana Lacerda Prazeres, que cuenta con un sustantivo prefacio del profesor Celso Lafer (“A OMC e os Blocos Regionais”, Aduaneiras, Sâo Paulo 2008).

Sus desarrollos y aportes, son especialmente relevantes desde el punto de vista de todo intento orientado a entender y a mejor administrar la interacción entre los tres mencionados planos. Se requiere a tal fin, de un enfoque interdisciplinario que combine las lógicas del poder, la del bienestar y la de la legalidad. Sin tal combinación resulta difícil aspirar a decodificar la realidad, como sabe cualquiera que haya tenido que operar en las relaciones comerciales internacionales.

Precisamente, uno de los principales aportes del libro de Tatiana Lacerda Prazeres, es su análisis de lo que se suele presentar como una dicotomía excluyente entre el multilateralismo global de la OMC y el regionalismo preferencial, visualizados por algunos como una relación de complementariedad y por otros, de antagonismo. Considera con razón, que la relación es la vez de complementariedad y de antagonismo. Lo mismo puede decirse, si es que en tal relación se incluye al plano de lo nacional.

Lo importante al respecto es identificar los diversos factores que más pueden incidir, en forma positiva o negativa, en el predominio sea de la complementariedad, sea del antagonismo, a fin de lograr en la práctica el razonable equilibrio entre uno y otro efecto. Es la parte medular de la contribución de la mencionada autora.

Con razón identifica el factor tiempo, como uno de los centrales para explicar la tendencia a recurrir a los acuerdos comerciales preferenciales – especialmente cuando ellos no están vinculados a estrategias de gobernabilidad de espacios geográficos regionales -. En tal sentido, se ha observado en el caso de la Rueda Doha que el hecho que en el plano global multilateral los principales costos, especialmente los políticos internos, se presentan en el corto plazo, en tanto que los beneficios suelen ser mediano y largo plazo, ha inclinado en la práctica a un número creciente de países – y a sus empresas – a procurar avanzar a través de acuerdos de alcance parcial conformando, a veces, redes comerciales preferenciales en torno a un país determinado.

Con acierto, la autora señala sin embargo que los regímenes comerciales son sólo uno de los vectores que determinan la dinámica del comercio internacional. Identifica como los principales a la transición de la sociedad industrial a la del conocimiento; al desarrollo tecnológico en las áreas del transporte, las comunicaciones y la logística; al comercio intra e inter-firmas; a la intensificación de la globalización de los mercados financieros, y a la proliferación y fortalecimiento de las cadenas productivas transnacionales.

En procura de un razonable equilibrio consideramos fundamental operar simultáneamente sobre los tres planos que conforman el sistema del comercio mundial. En todo caso será un equilibrio inestable, expuesto a los efectos de la dinámica de cambio de la competencia económica global y del propio sistema político internacional. Las incertidumbres existentes sobre el futuro – acentuadas en la actualidad – permiten precisamente anticipar la constante inestabilidad de los equilibrios que se logren. La capacidad de continua adaptación a nuevas realidades, será entonces uno de los rasgos que se requerirán de las reglas de juego e instituciones del sistema del comercio mundial.

En el plano nacional, lo fundamental será lograr que se preserve en los principales protagonistas, la sustentabilidad de una visión favorable a la cooperación internacional, resultante especialmente del interés de los gobiernos de asegurar el predominio de la paz y la estabilidad política, tanto a escala global como en sus respectivas regiones geográficas.

Tal interés será reforzado por el de las empresas – cada vez más numerosas y originarias también en las economías emergentes – que operan en múltiples mercados. Ellas demandarán de los gobiernos el desarrollo y preservación de condiciones que les permitan asegurar la fluidez de sus cadenas de suministro, aprovechando las ventajas que se les presentan hoy en todo el mundo. Ellas requieren a la vez importar y exportar, desde y hacia múltiples mercados. De ahí que la internacionalización de la capacidad de producir bienes y de prestar servicios, se ha transformado en un factor central a favor de la articulación entre los tres planos del sistema del comercio mundial.

En los planos regional y comercial preferencial – en los que no existen modelos únicos sobre cómo encarar los respectivos acuerdos – y global multilateral, la nueva realidad de la distribución del poder mundial con su impacto en la competencia económica internacional, así como la resultante de las diversas modalidades de la integración productiva a escala transnacional, serán fuentes de demandas de adaptaciones creativas, tanto en los enfoques y en las reglas particulares de los acuerdos de alcance parcial, como en los más generales del sistema GATT-OMC. En ambos planos, se observa una aceleración de la obsolescencia de reglas de juego, mecanismos, métodos de trabajo e instituciones, provenientes de etapas superadas de la realidad internacional.

Es posible prever que las nuevas realidades impulsarán a todos los protagonistas – gobiernos y empresas – por su propio interés, a procurar instituciones y reglas de juego que aseguren a la vez flexibilidad y previsibilidad. De ellas se esperará que permitan desarrollar estrategias adaptadas a un mundo que presentará, cada vez más, un cuadro de múltiples opciones en la inserción internacional de países y de empresas.

Ello implicará revisar la normativa de la OMC, especialmente la del artículo XXIV del GATT y la de la Cláusula de Habilitación. También ellas son reglas que surgieron en contextos internacionales hoy superados por las nuevas realidades. La transparencia de los respectivos acuerdos será en el futuro un factor esencial para construir la confianza recíproca entre los diversos protagonistas de la competencia económica global.

Cabe resaltar, además, que la reciente tendencia a novedosas modalidades de proteccionismo, si bien diferente en sus alcances a la de la crisis de los años 30, significa una alerta para quienes valoran la preservación de un sistema del comercio mundial funcional a la gobernabilidad global. Son modalidades que significan un riesgo de debilitamiento de los efectos de seguridad contra el proteccionismo y la discriminación que han costado mucho desarrollar en las últimas décadas. La proliferación indisciplinada de acuerdos comerciales preferenciales puede, en tal sentido, contribuir a ese debilitamiento, si es que se produce en el marco de un sistema GATT-OMC que pierda eficacia y legitimidad. El problema no sería, en tal caso, la proliferación pero sí la insuficiencia de las necesarias disciplinas colectivas en la cual tal tendencia se inserta.

Es una alerta que debe conducir no sólo a procurar concluir la actual Rueda Doha, pero en particular, a revisar muchas de las reglas e instituciones que permitan preservar y acrecentar la conectividad entre los múltiples mercados, protegiendo el principio de no discriminación, como una condición necesaria aunque no suficiente, para objetivos valiosos de progreso y desarrollo económico en todos los países.

En nuestra opinión, tal revisión deberá ocupar un lugar prioritario en la agenda de la OMC durante el período de cuatro años del nuevo mandato de su experimentado Director General, Pascal Lamy, recientemente iniciado (ver al respecto su presentación al Consejo General de la OMC, el 29 de abril de 2009).

 

Lecturas recomendadas:

  • Baldwin, Richard; Low, Patrick (editors), “Multilateralizing Regionalism. Challenges for the Global Trading System”, World Trade Organization – Graduate Institute for International and Development Studies, Cambridge University Press, Cambridge 2009.
  • CARI, “El Nuevo Corredor Bioceánico”, Informe Final del Seminario sobre “El Nuevo Corredor Bioceánico, Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales, 24 de noviembre de 2008.
  • CEPAL, “La reacción de los gobiernos de las Américas frente a la crisis internacional: una presentación sintética de las medidas de políticas anunciadas hasta el 31 de marzo de 2009”, (LC/L.3025), Comisión Económica para América Latina, Santiago, Marzo 2009, en: http://www.eclac.org/ o haciendo click aquí.
  • CUTS International, “Multilateralism will reinvent itself in a more resolute avatar”, A Report of the Proceedings of CUTS-FICCI Conference on “Global Partnership for Development: Where do we stand and where to go?” New Delhi, August 12-13, 2008, CUTS International, Jaipur 2008, en: http://www.cuts-international.org.
  • Dadush, Uri, “Resurgent Protectionism: Risks and Possible Remedies”, Carnegie Endowment for International Peace – Policy Outlook, March 2009, en: http://www.carnegieendowment.org/ o haciendo click aquí.
  • ESCAP, “Navigating Out of the Crisis: A Trade-led Recovery. A practical guide for trade policymakers in Asia and the Pacific”, (ST/ESCAP/2538), United Nations Economic and Social Commission for Asia and the Pacific, Bangkok 2009 en http://www.unescap.org/publications/detail.asp?id=1326.
  • ESCAP, “Emerging Trade Issues for Policymakers in Developing Countries in Asia and the Pacific”, Studies in Trade and Investment, nº 64, Economic and Social Commission for Asia and the Pacific, Bangkok, February 2009, en: http://www.unescap.org/. o haciendo click aquí.
  • Giacalone, Rita (editora), “La Integración Sudamericana: un Complejo Proceso Inconcluso”, Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, Universidad de Los Andes, Mérida 2008.
  • International Monetary Fund, “World Economic Outlook – April 2009 – Crisis and Recovery”, World Economic and Financial Surveys, Summary Version, IMF, Washington, April 2009, en: http://www.imf.org.
  • Izquierdo, Alejandro; Talvi, Ernesto (coordinators), “Policy Trade-offs for Unprecedented Times. Confronting the Global Crisis in Latin America and the Caribbean”, Inter-American Development Bank, Washington 2009, en: http://www.iadb.org.
  • Kawai, Masahiro; Wignaraja, Ganeshan, “The Asian “Noodle Bowl”: Is It Serious for Business?”, ADBI Working Paper Series, nº 136, Asian Development Bank Institute, Tokyo, April 2009, en http://www.abdi.org/.
  • Motta Veiga, Pedro da; Polônia Rios, Sandra, “The rising importance of sustainable development in the South American Agenda”, Trade Knowledge Network, International Institute for Sustainable Development, Winnipeg, Manitoba 2009, en http://www.iisd.org.
  • Rafi Khan, Shaheen (editor), “Regional Trade Integration and Conflict Resolutions”, International Development Research Centre, Routledge, London and New York 2009, en: http://www.irdc.ca/openbooks/414-7/.
  • UNCTAD, “The Global Economic Crisis: Systemic Failures and Multilateral Remedies”, Report by the UNCTAD Secretariat Task Force on Systemic Issues and Economic Cooperation, New York and Geneva, 2009, en http://www.unctad.org.
  • Wiarda, Howard, “Nation-Building”, en Issues in Foreign Policy, Comparative Politics and International Affairs, Department of International Affairs, University of Georgia, Athens, GA, May 2009.
  • World Economic Forum-Fundaçâo Dom Cabral, “The Brazil Competitiveness Report 2009”, WEF, Geneva 2009
  • World Trade Organization, “Trade Policy Review – Report by the Secretariat – European Communities”, WTO, Trade Policy Review Body, WT/TPR/S/214, Geneva, 2 March 2009, en: http://www.wto.org.

La privatización del proteccionismo

mayo 19, 2009

Como es sabido, las licencias no automáticas previstas por la OMC pueden ser de conveniente aplicación en el seguimiento estadístico requerido para administrar regímenes de cuotas de importación. Si bien las disciplinas multilaterales no supeditan un dispositivo al otro, lo cierto es que resulta difícil concebir la utilidad de dichas licencias dentro de un marco de acceso irrestricto. De ahí que en el caso argentino, la imposición de licencias sin cuotas para administrar -instaurando además procedimientos engorrosos y dilatorios- haya merecido abundantes objeciones.

Es inevitable preguntarse por los motivos de estas medidas. En principio, parecería que habiendo intenciones de obstaculizar el acceso a los mercados, el uso impropio de licencias resulta más expeditivo y menos comprometedor que la desnaturalización de otros mecanismos con exigencias probatorias del daño y de sus causas, como las requeridas en investigaciones por presunta deslealtad comercial.

Pero este uso inadecuado de licencias no automáticas tiene un sentido adicional cuando las aplican autoridades de la Argentina y Brasil “a pedido” de sectores productivos radicados en el país de la importación y con la mirada puesta en el ingreso de mercaderías similares originarias del otro país.

De las declaraciones efectuadas por funcionarios y empresarios, así como de las rondas de negociación entre particulares, se infiere que tales restricciones pueden implicar la invitación coercitiva a los empresarios para que resuelvan sus diferencias concertando un sucedáneo de cuotas de importación.

El mensaje también está dirigido a las firmas radicadas en terceros países. Al respaldar las negociaciones privadas entre cámaras y empresas brasileñas y argentinas, ambos gobiernos aparecen como garantes nominales de las eventuales asignaciones de cuotas. Así se desalienta a las empresas de terceros países que, dispuestas a pagar el arancel externo común, pretendan ingresar al mercado con productos similares a los que sean objeto de tales recortes.

En tanto, los voceros públicos y privados del país que impone la restricción suelen coincidir -cuando sostienen la legitimidad de los avenimientos privados- en el argumento de preservar los niveles de actividad y del empleo. Pero los gobiernos no participan en las tratativas y, si finalmente logran compatibilizarse los intereses privados librados a su propia fuerza relativa, resultan compromisos equivalentes a una autorrestricción de exportaciones.

¿Es esto novedoso? Ciertamente no lo es. Tales prácticas recuerdan al criterio selectivo y discriminatorio empleado tanto por los gobiernos como por las corporaciones privadas en etapas anteriores y posteriores a la Ronda Tokio del GATT (1973-1979), con el fin de segmentar los mercados mediante el condicionamiento de la reciprocidad. Precisamente uno de los objetivos de la Ronda Uruguay (1986-1994) consistió en fortalecer las disciplinas multilaterales para neutralizar esas prácticas ominosas que padecieron los países en desarrollo por tener menor capacidad de negociación para exportar su oferta.

La voluntad de poner fin a tales manipulaciones quedó reflejada en el artículo 11 del Acuerdo sobre Salvaguardias de la OMC: “Ningún miembro tratará de adoptar, adoptará ni mantendrá limitaciones voluntarias de las exportaciones, acuerdos de comercialización ordenada u otras medidas similares respecto de las exportaciones o las importaciones […] Los miembros no alentarán ni apoyarán la adopción o el mantenimiento, por empresas públicas o privadas, de medidas no gubernamentales equivalentes a las medidas a que se hace referencia”.

La citada disposición está en vigencia y forma parte de los ordenamientos jurídicos de Argentina y Brasil.

El Mercosur lo prohíbe
¿Por qué la Argentina y Brasil no se sientan a la mesa de negociaciones para administrar los flujos comerciales de los productos más sensibles de una manera transparente y previsible? Porque el Mercosur lo prohíbe. Y para desechar cualquier posibilidad de introducir reformas, podría agregarse: “Los problemas son transitorios”.

Es cierto que en el Mercosur quedó jurídicamente instalada la suposición de un libre comercio en principio irrestricto con algunas salvedades establecidas en los compromisos fundacionales. Así se sigue justificando la prohibición de recurrir a las salvaguardias. Tampoco está prevista la posibilidad de fijar limitaciones cuantitativas transparentes y transitorias, aplicando aranceles extra-cuota menores o a lo sumo iguales al arancel externo común ,y susceptibles de administración a través de métodos confiables. Si nada de esto es posible, y ya es evidente la inconsistencia de la construcción comunitaria, ¿Por qué no blanquear los problemas de una buena vez?

Hasta aquí se han seguido caminos tortuosos. Por ejemplo, con respecto a las salvaguardias y después de largas desavenencias, la Argentina y Brasil optaron por suscribir un “Mecanismo de Adaptación Competitiva” en 2006 que no se atreven a instrumentar (aunque si entrara en vigor sería impugnado justificadamente por importadores de bienes desde Paraguay y Uruguay).

Pero en general prevalecen las restricciones al comercio adoptadas por los cuatro gobiernos de manera recurrente y unilateral. Terminan siendo aceptadas porque pasan a engrosar una especie de crédito que los demás Estados parte pueden utilizar en el futuro para fijar sus propias restricciones. Pero ahora se agrega una segunda generación de distorsiones al comercio y a las inversiones: reparticiones de mercados surgidas con motivo de prácticas de autorrestricción de exportaciones concertadas entre particulares.

El interés público está ausente, entre otras cosas porque no se contemplan las pérdidas de otras empresas que aportan materias primas e insumos para la elaboración de los productos afectados. Tampoco se considera la situación de proveedores de servicios técnicos y de la comercialización en el país de la importación. Finalmente son desatendidos los derechos de los consumidores, que ven constreñida su capacidad de selección en materia de precios y calidades. Por añadidura, el sistema de solución de controversias del Mercosur no les permite a los particulares perjudicados demandar a sus propios Estados de residencia, ya sea para obtener la nulidad de disposiciones internas o impugnar el incumplimiento de compromisos de integración. Queda la alternativa de litigar ante los tribunales del mismo país, en cuyas instancias prevalece, como es lógico, una perspectiva intergubernamental y no comunitaria sobre los compromisos contraídos en el ámbito internacional.

Renovar compromisos
Al afrontar el desafío de mantener articuladas las economías en los tiempos que corren, los Estados del Mercosur ya no pueden mirarse de reojo, sino que deberían disponerse a renovar diversos compromisos asociativos de una manera sistemática. A ese fin sería muy útil recoger la experiencia difundida por múltiples acuerdos de administración del comercio y de inversiones que sin embargo reciben la elíptica calificación de “acuerdos de libre comercio”, que ofrecen un marco adecuado para consolidar el patrimonio histórico del Mercosur: sea para preservar el acceso al mercado ampliado pero también para excluir, encapsular o bien supeditar obligaciones preexistentes a plazos o condiciones especiales. Luego de confrontar y compatibilizar prioridades desde el punto de vista del interés público, quedarían plasmadas disciplinas para la generalidad de los agentes económicos radicados en cada país, proveyendo confiabilidad y previsión a las actividades comerciales e inversiones.

Otro motivo se suma para que el bloque renueve sus compromisos asociativos y se discipline dentro del molde de un “acuerdo de libre comercio” de última generación: la internacionalización de los mercados parece augurar la necesaria consagración de los vínculos comerciales y económicos con países extrarregionales y, en especial, desarrollados. ¿Cómo habrían de converger las posiciones negociadoras frente a estas contrapartes si no se resolvió la integración productiva dentro del propio Mercosur? Al renovar su compromiso asociativo y reglar las modalidades de la integración productiva, los países del bloque quedarían en una situación propicia para encarar el desafío de las negociaciones con países desarrollados.

Pero al consolidar sus disciplinas también correspondería definir con claridad el sentido de la complementación económica que se persigue. Al respecto, una línea de pensamiento vinculada a la revitalización del modelo de sustitución de importaciones tiende a reivindicar el papel protagónico asignado a empresas previamente individualizadas y seleccionadas por los gobiernos.

En tal sentido, se suelen transpolar conceptos extraídos de las más variadas fuentes, comenzando por el recuerdo de aquel Convenio sobre Industrias Centroamericanas de Integración (1958) y hasta llegar a uno de los emblemas del ALBA: “Los proyectos y empresas grannacionales “.

Resabios
Algunos resabios de la misma concepción afloran en la Decisión del Consejo del Mercado Común número 12/08 que aprobó el “Programa de Integración Productiva del Mercosur” cuando por ejemplo se alude a la figura de “empresas ancla”. Si esta perspectiva se concreta mediante la concesión selectiva y discriminatoria de beneficios a favor de empresas predeterminadas, los principios liminares del ordenamiento multilateral (cláusula de la nación más favorecida, trato nacional) resultarían burdamente vulnerados.

Por último, el dispositivo de protección estatal que, por acción u omisión le asigna nombre y apellido a los beneficiarios tampoco garantiza buenos resultados. La distorsión de las licencias no automáticas difícilmente pueda ser sostenida a mediano plazo. Luego, el sector privado que pide auxilio se ve presionado en dos frentes: debe negociar en situaciones de inferioridad frente a sus competidores y, simultáneamente, padecer una relación de clientelismo político-comercial regulada inicialmente por el precario respaldo que suministran las licencias de importación.

Tan dañino puede resultar un Estado veleidoso en la selección de beneficiarios privados como un Estado ausente, que sólo aparece concediendo garantías nominales para el cumplimiento de los convenios privados con empresas extranjeras.

Por Marcelo Halperín
Para LA NACION

El autor es docente e investigador del Instituto de Integración Latinoamericana de la Universidad Nacional de La Plata.

La Nación