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¿Volverá la energía a sorprender en 2013?

enero 7, 2013

Fernando Navajas, Economista Jefe de FIEL

 Los últimos datos relevantes de la coyuntura energética de fines de 2012 confirmaron cierto control de los efectos externos y fiscales que la energía trasmitió a la economía en 2011. ¿Será esa la norma de 2013 o volveremos a un sendero de deterioro?
En este sentido, 2012 fue un buen año para el gobierno, dado lo que se esperaba al comienzo. Contra todos los pronósticos en el plano externo se observó un virtual estancamiento del déficit comercial (y de las importaciones) en el entorno de los u$s 3.000 millones.
En el plano fiscal se redujo el déficit de CAMMESA aunque sobrevinieron otros desequilibrios nuevos en el área de distribución de electricidad. Pero ambos fenómenos ocurrieron en medio de una también muy firme tendencia de caída de la producción de gas natural (contra la expectativa fabricada luego de la expropiación de YPF), un virtual estancamiento de la producción de petróleo y un concomitante significativo aumento de las importaciones de gas natural.
Todo lo anterior requiere alguna explicación que nos ayude a entender porqué las cosas salieron de un modo distinto al esperado y nos enseñen a ser algo más flexibles para mirar el 2013.
Gran parte de dicha explicación debe encontrarse en el efecto que la combinación de una menor demanda de energía (por el “espacio” generado por la menor actividad industrial) y una mayor utilización de la capacidad de procesamiento de crudo tuvieron sobre ambos desbalances (externo y fiscal). La menor demanda de gasoil (cerca de 5%) y la mayor oferta disponible por la recuperación de la capacidad de procesamiento de crudo (en el entorno del 3%) permitieron reducir las importaciones de combustibles líquidos, que explicaban 60% de las importaciones de energía en 2011.
Por su parte, la menor demanda de gas natural de la industria hizo espacio para el uso de gas natural por parte de los generadores eléctricos (+13% respecto a 2011) lo cual ayudó a bajar el déficit de CAMMESA y además a generar por encima del crecimiento de la demanda de electricidad y de este modo reducir significativamente (en 2000 GWh; es decir casi u$s 800 millones) las importaciones de energía eléctrica. Pero la demanda total de gas subió en 2011 por el efecto de mayor consumo residencial y comercial, mostrando que las reducciones de subsidios encontraron límites nuevamente y el manejo de la demanda de energía está lejos de lo requerido. Las importaciones de gas natural crecieron 33% en 2012; pero las originadas en Bolivia lo hicieron a más del doble mientras que las provenientes de los barcos regasificadores sólo aumentaron en el entorno de 3%. Esta sustitución de “gas por gas” también facilitó el control de las importaciones y del déficit comercial.
¿Cuánto de esta configuración particular de factores que operaron en 2012 es trasladable al 2013? La impresión es que varios de los efectos positivos observados en 2012 pueden acotarse o no repetirse en 2013. Por ejemplo, la sustitución hacia gas boliviano viene limitada por la capacidad de transporte disponible.
Al mismo tiempo el aumento de la capacidad de procesamiento de crudo puede repetirse pero dependerá de esfuerzos ingenieriles y de pequeñas inversiones. Ciertamente la demanda de energía del sector industrial parece que no va a repetir la misma caída, a menos que la economía se hunda en una estanflación, cosa que no está en el consenso de pronósticos macroeconómicos. Por otra parte, la caída de la producción de gas natural continúa siendo la “hipótesis nula” (o de trabajo) a rebatir, dado que los últimos datos confirman el patrón de los últimos años; mientras que la de petróleo es una incógnita que pende de la capacidad de reorganización de áreas críticas en la cuenca de San Jorge.
Finalmente, la agenda de reducción de subsidios parece detenida y -salvo reacciones puntuales como la de la suba de cargos fijos en electricidad y gas natural para paliar los graves desequilibrios financieros en distribución- preocupa la falta de acción en plena víspera de un año electoral.
La Argentina continuará -bajo este gobierno- siendo un “ave raris” en materia de precios y tarifas de la energía no sólo por una cuestión de niveles sino también de estructura de precios. Los ejemplos de 2012, empezando por la (des)formación de precios del upstream, pasando por el collage de precios del mercado eléctrico mayorista (donde la demanda paga 16 precios distintos; el más bajo es pagado por el 31% del consumo y es apenas un 6% de los costos contables del sistema), siguiendo por el extravagante mecanismo de determinación de los precios de los biocombustibles y terminando en las múltiples modificaciones de los cargos fijos en gas y electricidad (algo anormal en el mundo) confirman un cuadro psicótico avanzado en materia tarifaria. En suma, es posible que lo que vimos en 2012 haya sido una pausa y que en 2013 retornemos a enfrentar un mayor deterioro en los frentes externo y fiscal provocados por la energía.

La integración productiva sigue siendo un eje prioritario para Brasil

julio 14, 2011

El proceso de integración productiva que encaró el GIP brasileño, sigue teniendo el mismo impulso generado durante su gestión como secretario de D, I y CEx durante el gobierno de Lula da Silva, afirma Welber Barral. “La cuestión del Mercosur es estratégica y prioritaria para el gobierno de Brasil, con lo que todos los proyectos van a seguir desarrollándose”, explicó.

Sin embargo, reconoció que el cambio de gobierno y por tanto de funcionarios y un recorte presupuestario, le dieron un ritmo más lento al funcionamiento del área de integración productiva nacional (IP). Lo hizo en el marco de una conferencia desarrollada en la Fundación Standard Bank.

“Brasil sigue manteniendo como eje prioritario al proyecto de integración productiva”, confirmó Barral. En su concepción, “la integración productiva tiene dos facetas visibles, una es la posibilidad de aprovechar la producción regional y generar una mayor escala de producción, y la otra es carácter político, creando integración económica”.

Se refirió a los trabajos más interesantes de IP, generados en las fronteras, para las cuales se cuenta con un grupo de trabajo especial de integración fronteriza. “Hubo experiencias muy interesantes en las que se avanzó, como con el sector muebles de ambos países, con temas que tienen que ver con standarización, normas técnicas, licencias, certificados. La experiencia, desarrollada en el sur de Brasil en el sector maderero, permitió generar exportaciones conjuntas con Argentina, desde el Proyecto de las Misiones.

Otro caso interesante mencionado por Barral fue el del sector automotriz y de autopartes, que ha desarrollado mecanismos de especialización productiva en cada uno de los países, con intercambio por ambas partes, con muy buenos resultados.

Durante su gestión como secretario de Comercio Exterior de Brasil, las reuniones bilaterales producidas entre funcionarios argentinos y brasileños compartían la “preocupación” por la creciente importación de piezas para automóviles desde otros mercados, sobre todo desde el asiático, cuyos menores precios podían poner en problemas a las industrias de ambos países.

Al ser preguntado por la forma en que estas empresas pymes integradas se internacionalizan, y cómo juegan en este sentido las empresas transnacionales, Welber Barral manifestó que cada sector requiere de una estrategia diferente. “En el sector mueble, que es un sector pyme, se debe internacionalizar antes que nada a las empresas. En el caso automotor, la gran empresa cuenta con estrategias globales, con lo que los países deben trabajar exhibiendo las ventajas de las empresas pymes para su inserción en este circuito”, señaló.

Fueron destacados también en su charla, los proyectos de integración en el sector aeronáutico y de petróleo & gas. El caso de Embraer, con el que trabajan muchas pymes, “está muy relacionado con certificaciones internacionales para el sector”.

“El sector de petróleo y gas es otro proyecto estratégico. El tema central es la acreditación de empresas que pueden trabajar con Petrobras”, sostuvo en referencia al proyecto que está pensado para aprovechar la oportunidad del descubrimiento de la cuenca petrolera Presal frente a las costas del Brasil, para la vertebración y desarrollo de la cadena regional de proveedores de bienes y servicios para Petrobras Brasil.

“Para cada sector se requiere una estrategia especial, porque las demandas son distintas, y tienen que venir del sector productivo. El grupo de integración productiva es quien debe resolverlas”, concluyó.

Acerca de GIP y el ingreso de las Pymes al modelo económico del Mercosur

En el año 2008, el Grupo de Integración Productiva (GIP) del MERCOSUR es creado por Decisión CMC Nº12/08, como un órgano dependiente del Grupo Mercado Común (GMC). Su principal función es la de coordinar y ejecutar el Programa de Integración Productiva del MERCOSUR (PIP), así como todas las propuestas y acciones relacionadas con dicha temática. El GIP está integrado por representantes designados por los gobiernos de los Estados Partes y tiene como último objetivo que el aparato productivo del bloque, constituido en un 98% por pymes, despliegue su pontencial asociándose, complementándose e innovando, generando empleo y distribución equitativa de riqueza; atendiendo al propio mercado regional y exportando a terceros.

Este proyecto nace después de haber pasado con la constitución del Mercosur en los años 90, conformado como un aliciente para la dinamización del mercado, pero sin haber generado las bases de un crecimiento sustentado en bases productivas regionales. A partir del Consenso de Buenos Aires de 2003, celebrado entre Brasil y Argentina, comienza una etapa de atención al desarrollo social y prouctivo del Mercosur. En la primera Cumbre Social del bloque, en julio de 2006, en la ciudad argentina de Córdoba, se produce el “Encuentro por un Mercosur Productivo y Social”, con rerpesentantes de organizaciones sociales, sindicales y productivas,  

Dos años después, en la Cumbre de Tucumán, se aprueba el Primer Programa de Integración Productiva (PIP) y se da nacimiento al GIP para su implementación. El PIP, junto al Fondo de Garantías del Mercosury el Programa Marco de Ciencia y Tecnología para la Innovación Productiva, constituyen herramientas estratégicas para llevar adelante los desafíos del desarrollo social y productivo. Con ese objeto, en el GIP participan ministerios y organismos de cada país que expresan las relaciones exteriores, la industria, la economía, la ciencia y la tecnología, las finanzas, la agricultura, el desarrollo social, las zonas fronterizas, así como el sector privado a través de cámaras sectoriales.

[Graciela Baquero]